Mostrando entradas con la etiqueta Dvorák. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dvorák. Mostrar todas las entradas

31/10/10

Las dificultades de tocar a los románticos

Cuarto concierto de la temporada de la Orquesta Filarmónica de Málaga.

No dejan de sorprender los problemas que siguen planteando a las orquestas algunas partituras que se suponen integradas en el repertorio básico, como es el Concierto para chelo de Dvořák. Y sin embargo en ninguno de los tutti del primer tiempo se pudo decir que la orquesta ofreciera un sonido adecuadamente construido, lo que exige que las secciones de cuerda posean mucha más presencia y mordiente para que este cuerpo principal sostenga a los metales. El resultado fue que la exposición del primer motivo careció de la imprescindible sensación de crecimiento y que las intervenciones de las trompetas (nada afortunadas) sonaron despegadas de la orquesta, prácticamente como una cacofonía aislada. Diemecke manejó mucho mejor los pasajes de instrumental reducido, aunque las maderas tendieron a tocar siempre en forte: como resultado de esto, determinados detalles que están destinados sólo a colorear acabaron por ocultar una entorno sin el cual además carecieron de sentido. En cuanto a la solista, Vassilieva demostró ser capaz de tocar todas las notas, pero en algunos casos con un tono demasiado débil. Faltó el sonido vibrante y heroico del primer tiempo y en general se percibía la facilidad con la que incluso secciones menores de la orquesta la engullían. Una interpretación de la que sólo se podrían destacar los momentos más líricos (Adagio). La orquesta fue mejorando a lo largo del Finale.

Mejora que se concretó en la segunda parte, con un nuevo Bruckner más que solvente (como la Séptima del pasado mes de junio). Sin llegar a ser ninguna maravilla, las cuerdas tocaron con más intensidad y hubo pasajes muy expresivos, como los violines en la reexposición del primer tiempo o los chelos en el tiempo lento. Los tutti sonaron con la potencia que se presupone en los metales brucknerianos pero sin dar esa impresión de charanga que se percibió en la primera parte: por ejemplo en la exposición inicial o la titánica coda con que concluye la obra. Las maderas exhibieron dinámicas más variadas y las trompas superaron la difícil prueba que supone esta Sinfonía. Diemecke optó por tempi amplios pero enriquecidos con un uso personal del rubato, a veces un poco exhibicionista (Finale), pero que se agradece para escapar de la rutina. Vibrante el Scherzo, página que según algunas opiniones agradecía los cortes que se le practicaban en tiempos pasados. Una interpretación que ante todo dio la impresión de haber sido planificada con seriedad hacia su imponente conclusión. 

13/10/08

La Filarmónica Checa

La Sala Dvořák del Rudolfinum


Recientemente tuve la oportunidad de disfrutar las bellezas y el encanto de la ciudad de Praga. Entre los cuales destaca la Filarmónica Checa, fundada en 1896, una de las glorias orquestales de Europa. La clase de esta orquesta ha sido forjada por varias de las grandes batutas del S. XX: Talich, Kubelík, Ancěrl y Neumann se sucedieron como directores titulares desde 1919 hasta los años 90. Actualmente, tras una década de inestabilidad, la responsabilidad del cargo se comparte entre Mácal y Manfred Hóneck hasta que por fin Eliahu Inbal se incorpore como tal en 2009.

El Concierto que presencié era el quinto de la presente temporada y se basó en el siguiente programa:

(Viernes, 3 de octubre. Sala Dvořák )

P. I. CHAIKOVSKI: Sinfonía No. 3 en Re.
S. RACHMANINOV: Concierto No. 3 para piano en re menor, op. 30.

Orquesta Filarmónica Checa
Piano, Alexander Toradze
Zdeněk Mácal

La dirección de Mácal fue solvente y sobria en ambos casos: vaciando de sentimentalidad fácil las dos obras, dinámica, caracterizada antes por un impulso constante que por las fluctuaciones, pero con el suficiente vigor para que la Tercera de Chaikovski (una Sinfonía a la que no le faltan pasajes artificiosos) sonara fresca. Sólo se hizo desear mayor vivacidad en la Polonesa del último tiempo, atacada con ligera pesantez.

No se puede explicar lo emocionante que es el Rach3 en vivo, con sus fogonazos de melodía que surcan el rapsódico discurso. Y eso que Toradze no estuvo a la altura. Por un lado le faltaron dedos en pasajes clave: en la tremenda escala que recorre todo el piano durante la cadencia, por ejemplo, donde hubo notas faltas de nitidez sepultadas por una mano izquierda excesiva. Por otro lado, tendió a tocar demasiado fuerte con la nada aceptable intención de hacerse oír por encima de la orquesta. Así sucedió en el bellísimo Adagio. Este afán de destacar por delante de la música hace más difícil disculpar los problemas anteriores.
La orquesta lució sobre todo el magnífico timbre de sus violines: el tamaño de la Sala permite que a uno lo envuelva ese sonido amplio, cálido y de brillo generoso, pero siempre esmaltado, no metálico. En la Elegía de la Sinfonía y la desatada coda del Concierto, uno deseaba no escuchar nada más. Magníficas maderas, redondas y plenas, impecables los solos de trompa (no es escuchan así en nuestras orquestas) y metales fulgurantes perfectamente empastados. La calidad del conjunto resplandeció en el genial Scherzo chaikovskiano, de equilibrio admirable.

Durante esta temporada la Filarmónica hace una gira europea que recalará en España.

6/2/07

50 años de la muerte del Maestrissimo

"Toscanini dirige una obra no sólo como dice la partitura, sino como el compositor la había imaginado, aunque su mano hubiera fallado al escribir lo que estaba tan claro en su mente" (Giacomo Puccini)
El pasado 16 de enero se conmemoraron los 50 años de la desaparición de Arturo Toscanini. Convertida en leyenda, su figura empieza a superar las encontradas querellas entre partidarios y detractores.
La continua revisión de su enorme legado discográfico - la práctica totalidad de sus conciertos era grabada - hace ya imposible sostener las tradicionales acusaciones de inhumanidad y baja calidad artística de sus interpretaciones (si no es con evidentes mala fe y obcecación). La polémica entre interpretación subjetiva y la fidelidad al texto se ha suavizado, y hoy Toscanini nos parece un director mucho más personal que la mayoría de los actuales, y sus enfoques tan válidos como los de Furtwängler. Los reproches de sus rivales germanos, quizá irritados por la prominencia de aquel pequeño italiano, o las boutades de Celibidache ("Una fábrica de notas"), han quedado reducidas a lo anecdótico.
Personalmente, he superado recientemente mis prejucios hacia Toscanini (inculcados por las lecturas de ciertos papones de la crítica nacional) y disfruto mucho de su estilo urgente, inexorable y enérgico.
Escuchemos esta extraordinaria versión de la 9ª Sinfonía en mi menor de Antonín Dvorák. Lo fragoroso del discurso (no faltan pequeñas pifias) no impide apreciar la arquitectura de la obra, que en manos de Toscanini adquiere una solidez y un rigor brahmsianos. Especialmente apasionantes las codas de los tiempos primero y cuarto, donde el genio del Maestro se manifiesta con una fiereza telúrica.
Acompañan a esta "Sinfonía del Nuevo Mundo" una intensa "Manfred" de Schumann y el "Passo a sei" de Guglielmo Tell.
Grabación del 24 de enero de 1953.
Disfrutadla.