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2/11/08

Rachmaninov, Obras Completas X: La Segunda Sinfonía


Nunca es tarde para recuperar uno de los ciclos que dieron origen a esta casa: el repaso a la obra de Sergei Rachmaninov.

La excusa perfecta me la ha proporcionado la audición - tras una larga temporada - de su Segunda Sinfonía, seguramente su partitura más programada tras los Conciertos.

Concluida en 1907 tras numerosas y atormentadas revisiones, la Sinfonía puede considerarse una de sus mejores partituras. Aun más, seguramente sea aquélla en la que volcó con más fuerza la esencia de su personalidad: una inconfundible melancolía la recorre. La que nace no sólo de la nostalgia de la patria, sino de la incurable nostalgia del tiempo pasado. Así se explica el carácter de una música compuesta mirando exclusivamente al ayer, mientras el mundo musical corría hacia el mañana. Naturalmente desde el primer momento no faltaron los ataques de la crítica contra lo que se consideró un sentimentalismo reaccionario, demostrando que en muchas ocasiones los hay más papistas que el Papa: el propio Gustav Mahler elogió el lirismo de la escritura, denunciando de paso el excesivo rigor metronómico con que Nikisch la dirigía, sin dejarla desplegarse de forma natural.

Porque si algo define la estructura Sinfonía en mi menor es el constante flujo y reflujo de melodías de enorme longitud, principalmente en las secciones superiores de la cuerda. De esta forma el canto preside la Sinfonía de principio a fin como quizá en ninguna obra del género. Desde el motivo generador de la introducción, la melodía extiende su reinado hasta la apoteosis final.

Rachmaninov se mantiene fiel a la estructura clásica de la sinfonía, con el modelo de la Quinta de Chaikovski, pero ampliando sus dimensiones e instrumentación de acuerdo con la grandiosidad del Romanticismo tardío. El primer tiempo tiene una introducción lenta a la que sigue una enorme forma sonata basada en una idea principal de épico lirismo y una tierna cantilena. El Scherzo alterna ritmos de cabalgata con una melodía de sensual orientalismo: la sección central es un vigoroso fugato. El Adagio podría haber sido un gran dúo operístico de amor. El soliloquio del clarinete es una de la mayores inspiraciones de Rachmaninov. El Finale recupera el clásico Rondó-sonata con una idea fuertemente rítmica (inequívocamente postiva) que termina cediendo el protagonismo al luminoso canto de los violines. Siguiendo el ejemplo del Concierto en do menor, la música parece acumular energía hasta desbordarse en la monumental y memorable coda.

La versión que escuchamos nos la propone de nuevo Lord Illingworth. A principios de los 70 el joven André Previn era uno de los principales difusores de Rachmaninov en Occidente. A Previn correspondió el honor de uno de los primeros registros (sino el primero) completos de la Segunda Sinfonía: el propio autor había consentido en facilitar la difusión de la obra en una versión recortada hasta poco más de la mitad de su duración. Así se mantuvo en el repertorio durante décadas. En este caso, sólo se omite la repetición optativa de la exposición del primer tiempo. Previn hace cantar maravillosamente a la London Symphony Orchestra, destacando además las sombras que arroja la cuerda grave y los bellísimos intercambios de las maderas. Como recordándonos que no hay nada perfecto en este mundo, la grabación adolece de una ligera falta de profundidad.

Disfrutadla.

Sinfonía nº 2 en mi menor, Op. 27

I. Largo - Allegro moderato
II. Allegro molto
III. Adagio
IV. Allegro vivace

13/10/08

La Filarmónica Checa

La Sala Dvořák del Rudolfinum


Recientemente tuve la oportunidad de disfrutar las bellezas y el encanto de la ciudad de Praga. Entre los cuales destaca la Filarmónica Checa, fundada en 1896, una de las glorias orquestales de Europa. La clase de esta orquesta ha sido forjada por varias de las grandes batutas del S. XX: Talich, Kubelík, Ancěrl y Neumann se sucedieron como directores titulares desde 1919 hasta los años 90. Actualmente, tras una década de inestabilidad, la responsabilidad del cargo se comparte entre Mácal y Manfred Hóneck hasta que por fin Eliahu Inbal se incorpore como tal en 2009.

El Concierto que presencié era el quinto de la presente temporada y se basó en el siguiente programa:

(Viernes, 3 de octubre. Sala Dvořák )

P. I. CHAIKOVSKI: Sinfonía No. 3 en Re.
S. RACHMANINOV: Concierto No. 3 para piano en re menor, op. 30.

Orquesta Filarmónica Checa
Piano, Alexander Toradze
Zdeněk Mácal

La dirección de Mácal fue solvente y sobria en ambos casos: vaciando de sentimentalidad fácil las dos obras, dinámica, caracterizada antes por un impulso constante que por las fluctuaciones, pero con el suficiente vigor para que la Tercera de Chaikovski (una Sinfonía a la que no le faltan pasajes artificiosos) sonara fresca. Sólo se hizo desear mayor vivacidad en la Polonesa del último tiempo, atacada con ligera pesantez.

No se puede explicar lo emocionante que es el Rach3 en vivo, con sus fogonazos de melodía que surcan el rapsódico discurso. Y eso que Toradze no estuvo a la altura. Por un lado le faltaron dedos en pasajes clave: en la tremenda escala que recorre todo el piano durante la cadencia, por ejemplo, donde hubo notas faltas de nitidez sepultadas por una mano izquierda excesiva. Por otro lado, tendió a tocar demasiado fuerte con la nada aceptable intención de hacerse oír por encima de la orquesta. Así sucedió en el bellísimo Adagio. Este afán de destacar por delante de la música hace más difícil disculpar los problemas anteriores.
La orquesta lució sobre todo el magnífico timbre de sus violines: el tamaño de la Sala permite que a uno lo envuelva ese sonido amplio, cálido y de brillo generoso, pero siempre esmaltado, no metálico. En la Elegía de la Sinfonía y la desatada coda del Concierto, uno deseaba no escuchar nada más. Magníficas maderas, redondas y plenas, impecables los solos de trompa (no es escuchan así en nuestras orquestas) y metales fulgurantes perfectamente empastados. La calidad del conjunto resplandeció en el genial Scherzo chaikovskiano, de equilibrio admirable.

Durante esta temporada la Filarmónica hace una gira europea que recalará en España.

30/4/07

Rachmaninov, Obras Completas IX: Canciones Opp. 21 y 26

La faceta de Rachmaninov como compositor de canciones es poco conocida más allá del famoso Vocalise, que por lo demás se suele escuchar en transcripciones para orquesta o solista. Sin embargo, la facilidad y el lirismo de su inspiración siempre evocaron la melodía vocal, por lo que necesariamente había de estar cómodo en el género. Tras algunas canciones de juventud, compone los primeros ciclos. Vamos a comenzar a escuchar los Opp. 21 y 26.

En general la escritura vocal de Rachmaninov es casi operística, destacando la dramaturgia de la Op. 21, nº 1, titulada Destino, con una narrativa que recuerda a Erlkönig sobre un acompañamiento que cita con claridad la Quinta de Bethoven. También hay algo de dúo de ópera en la cuarta del Op. 26, con el concurso de un barítono. El ciclo Op. 21 es más lírico, destacando las efusiones melódicas de las números 3, 9, 7 y 12, resplandecientes en la versión elegida, la de Elizabeth Söderström. Su timbre de soprano lírica pura se pliega a los numerosos recogimientos de la séptima, irradia luz y juventud en la nº5 del Op. 26 y embruja en la joya de esta colección (“Ante mi ventana”) de vagos ecos orientalizantes. La artista domina el idioma ruso, la dicción suena fluidísima y destaca el fervor del acento en las 4 y 14 del Op. 26. Acompaña el joven Ashkenazy, en la cima de su virtuosismo como se comprueba en muchas de las canciones, con una escritura compleja, en particular “No soy profeta” y “Suplico piedad!” También sabe encontrar la delicadeza de “La respuesta” y la variedad chopiniana de “Cristo se alza”, refrenando un toque que a menudo fue excesivamente metálico.

Grabaciones de 1975.

Songs op.21 (1902) - I. Destino
Songs op.21 (1902) - II. Ante una nueva tumba
Songs op.21 (1902) - III. Ocaso
Songs op.21 (1902) - IV. La respuesta
Songs op.21 (1902) - V. Lilas
Songs op.21 (1902) - VI. Soledad
Songs op.21 (1902) - VII. Qué belleza aquí
Songs op.21 (1902) - VIII. Al morir un pajarillo
Songs op.21 (1902) - IX. Melodia
Songs op.21 (1902) - X. Ante el icono
Songs op.21 (1902) - XI. No soy profeta
Songs op.21 (1902) - XII. Cómo duele el corazón

Songs op.26 (1906) - I. El Secreto del corazón
Songs op.26 (1906) - II.Un Dios vengativo se ha llevado todo
Songs op.26 (1906) - III.Tendremos reposo
Songs op.26 (1906) - IV. Dos despedidas
Songs op.26 (1906) - V. Amor mío, escapemos
Songs op.26 (1906) - VI.Cristo se alza
Songs op.26 (1906) - VII. A los niños
Songs op.26 (1906) - VIII. Suplico piedad!
Songs op.26 (1906) - IX. Solo otra vez
Songs op.26 (1906) - X. Ante mi ventana
Songs op.26 (1906) - XI. La fuente
Songs op.26 (1906) - XII. Noche de luto
Songs op.26 (1906) - XIII. Nos encontramos ayer
Songs op.26 (1906) - XIV. El anillo
Songs op.26 (1906) - XV. Todo perece

Disfrutadlas.

Op. 21

Op. 26

27/3/07

Rachmaninov Obras Completas VIII. El Caballero avaro

“El Caballero avaro”, la segunda ópera de Rachmaninov, se basa en un relato de Alexander Pushkin. Fue estrenada en el Bolshoi en 1906 bajo la dirección del propio autor.
Si en Francesca da Rimini la lujuria era el tema central, aquí el pecado del protagonista es la avaricia. El joven caballero Alberto lleva una vida de derroche y lujo que su padre, el Barón, se niega a seguir financiando. Como resultado, acumula deudas con un prestamista (judío, por supuesto) que le sugiere una solución para que Albert pueda disfrutar de las riquezas de su progenitor y él recuperar el empréstito: envenenar al anciano. Albert rechaza la idea y decide pedir auxilio al Duque, señor de la corte local.
En la segunda Escena, el Barón se extasía ante su fortuna, pero no puede reprimir la angustia que le produce la ida de morir y que su hijo la dilapide.
En la tercera Escena, el Duque acepta presionar al Barón a petición de Albert. Éste escucha escondido la conversación entre ambos nobles. El Barón defiende su derecho a mantener a salvo su fortuna de un hijo ladrón. En ese momento Albert aparece y se declara ultrajado: llama mentiroso a su padre, quien le desafía a un duelo, aceptándolo éste. El Duque expulsa a Albert de la corte; el corazón del Barón no puede resistir la situación y muere, reclamando no al hijo pródigo, sino las llaves de sus cofres de oro.

La partitura es sombría y opresiva, en particular el preludio de la primera escena. La única concesión al lujo orquestal se da al final del monólogo del Barón, en la reluciente evocación del oro.
Que la disfrutéis.

14/12/06

Rachmaninov Obras Completas VII: Los Tríos Elegíacos

Recuperamos la serie por iniciativa de un hilo de Foroclásico, donde se citaban estas obras camerísticas.

Es curioso, pero la mayoría de los grandes Tríos compuestos por autores rusos de alguna manera fueron inspirados por el dolor de la muerte de un artista. Chaikovski escribió su único ejemplo en esta forma (cuya combinación de timbres no apreciaba) como homenaje a su mentor, Nikolai Rubinstein, padre de la escuela cosmolita y academicista rusa. Arenski dedicó otro al violonchelista Davidov. Y cerrando el círculo, el Segundo Trío de Rachmaninov es una elegía a la muerte de Chaikovski.

Compuesto en 1893, bajo la consternación que le produjo el fallecimiento de su quien consideraba su padre espiritual, es una pieza proyectada siguiendo el ejemplo del propio Chaikovski. El primer tiempo es amplio, y se despliega en grandes grupos de temas. Le siguen un segundo tiempo de variaciones libres y un enérgico Finale, en el que sin embargo retorna la elegía del primero a modo de marcha fúnebre. Todo ello, por cierto, impregnado de una retórica más orquestal que camerística. A pesar de la palpable influencia del modelo, el primer tema ya presenta los rasgos del Rachmaninov maduro, con sus ecos de campanas en el piano y las referencias al canto litúrgico ortodoxo; como un anticipo del Segundo Concierto.

En 1892, sin motivo aparente, ya había compuesto una pieza del mismo título en un solo tiempo. Más concentrado que la prolija composición posterior, es una conmovedora efusión lírica de un joven de 19 años.

Versiones del Trío Borodin. Disfrutadlas.

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23/8/06

Rachmaninov. Obras Completas VII: Los Preludios

Reanudamos la serie volviendo a la faceta más conocida de Rachmaninov, que es la de compositor para piano.

La primera serie tiene diez piezas en las predomina la forma tripartita. De la poderosa cascada de acordes del nº2 (que debe algo a la canción Aguas de primavera, Op.14) a la calidez del Cuarto, todo está impregnado de un romanticismo epigonal. El 7º y el 9º recuerdan los más caprichosos Preludios de Fryderyk Chopin, mientras la implacable marcha del famoso Preludio en sol menor, con el perfume orientalista de su sección central, ya es puro Rachmaninov.

Preludes op.23 (1903) - No.1 in F#m 1971 Sviatoslav Richter 04:02
Preludes op.23 (1903) - No.2 in BbM 1984 Andrei Gavrilov 02:56
Preludes op.23 (1903) - No.3 in Dm 1993 Dmitri Alexeev 03:46
Preludes op.23 (1903) - No.4 in DM 1971 Sviatoslav Richter 04:15
Preludes op.23 (1903) - No.5 in Gm 1971 Sviatoslav Richter 03:49
Preludes op.23 (1903) - No.6 in EbM 1984 Andrei Gavrilov 03:06
Preludes op.23 (1903) - No.7 in Cm 1971 Sviatoslav Richter 02:28
Preludes op.23 (1903) - No.8 in AbM 1971 Sviatoslav Richter 03:13
Preludes op.23 (1903) - No.9 in Ebm 1993 Dmitri Alexeev 02:06
Preludes op.23 (1903) - No.10 in GbM 1976 Vladimir Ashkenazy 03:52


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En la segunda colección el lenguaje está emparentado con el reciente Tercer Concierto y sus infuencias impresionistas. La forma de la piezas busca una mayor sencillez (6º, 8º, 11º) y en algunas encontramos contrastes muy sugerentes (como en el susurrado posludio del abrupto nº 1) Sin embargo, las joyas de ambas colecciones son los números 10 y 13. El décimo, en si bemol menor, es una pensativa y simple cantilena que contrasta con la épica sección central. El último, en un extático re bemol mayor, nos trae ecos de campanas en sus enormes cadenas de acordes. Recordemos que el origen de la serie de Preludios está en la juvenil - y famosísima - Pieza de Fantasía Op. 3, nº 2, en do# menor. La escucharemos próximamente.

Preludes op.32 (1910) - No.1 in CM1971 Sviatoslav Richter 01:16
Preludes op.32 (1910) - No.2 in Bbm1971 Sviatoslav Richter 03:07
Preludes op.32 (1910) - No.3 in EM1975 Vladimir Ashkenazy 02:14
Preludes op.32 (1910) - No.4 in Em 1975 Vladimir Ashkenazy 05:12
Preludes op.32 (1910) - No.5 in GM 1975 Vladimir Ashkenazy 03:18
Preludes op.32 (1910) - No.6 in Fm 1971 Sviatoslav Richter 01:23
Preludes op.32 (1910) - No.7 in FM 1971 Sviatoslav Richter 02:14
Preludes op.32 (1910) - No.8 in Am 1975 Vladimir Ashkenazy 01:45
Preludes op.32 (1910) - No.9 in AM 1971 Sviatoslav Richter 02:38
Preludes op.32 (1910) - No.10 in Bm 1971 Sviatoslav Richter 05:25
Preludes op.32 (1910) - No.11 in BM 1975 Vladimir Ashkenazy 02:06
Preludes op.32 (1910) - No.12 in G#m 1971 Sviatoslav Richter 02:19
Preludes op.32 (1910) - No.13 in DbM 1975 Vladimir Ashkenazy 05:57


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Disfrutadlo.

22/6/06

Rachmaninov. Obras Completas VI: Francesca da Rimini

Atendemos a la producción operística de Rachmaninov, poco conocida en Occidente. Francesca da Rimini fue un libreto escogido por la necesidad de acompañar "El Caballero avaro" de otra ópera en un Acto para el Bolshoï. El autor fue Modest Chaikovski, quien no no logró aquí el equilibrio de sus trabajos con su hermano: Rachmaninov se quejó del excesivo peso del Prólogo con respecto a la escena de Paolo y Francesca, pero las circunstancias obligaron.

Estructurada en un Prólogo donde aparecen Virgilio y Dante y que hace un vívido retrato de la Condenación, la primera Escena describe los celos de Malatesta y la Segunda es el dúo de los amantes, que contiene una música próxima al Adagio de la Segunda Sinfonía, personalísma en su mezcla de sensualidad y tristeza, pero que contiene algún eco wagneriano (en el transcurso de la composición, Rachmaninov había hecho la obligada peregrinación a Bayreuth durante su viaje de bodas) Al éxtasis del abrazo de Paolo y Francesca, sucede el golpe asesino de Malatesta y el retorno de la siniestra música del viento huracanado que castiga a los condenados eternamente, una imagen ya tratada por Liszt y Chaikovski.

Escuchamos un reparto ruso, desconocido seguramente, pero cumplidor: voces sólidas con el característico color eslavo. Seguro que el dúo de amor, un crescendo emocional bellísimo, supone un descubrimiento para alguno.


Nikolai Reshetniak - Virgil / Nikolai Vassiliev - Dante /
Vladimir Matorin - Lanciotto Malatesta /
Marina Lapina - Francesca / Vitaly Taraschenko - Paolo

Sveshnikov Russian State Choir, Evgeny Tytianko - Maestro de Coro
Orquesta del Teatro Bolshoï, Andrey Chistiakov - Dirección


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11/5/06

Rachmaninov. Obras Completas IV: El piano

Ya iba siendo hora de que atendiera la obra para piano de Rachmaninov, así que recurro a su partitura más famosa, el Concierto para Piano y Orquesta en do menor, Op. 18. Obra surgida tras la superación de un período depresivo del joven Rachmaninov, ha superado todos los prejuicios y acusaciones de sentimentalismo gracias a un virtuosismo poderoso e inspirado, el intenso lirismo del Adagioy el cálido y vertiginoso orientalismo de su Finale. La negrura del primer tiempo, con sus citas de canto ortodoxo ruso y campanas (siempre campanas) se ha convertido en paradigma de lo que hoy se asocia al compositor. La influencia de Chaikovski en la estructura del Allegro scherzando es palpable.

Se presenta una versión a la altura de su prestigio: Sviatoslav Richter acompañado de la Filarmónica de Varsovia bajo la dirección de Wislocki. En Richter encontramos al virtuoso trascendente que pide la partitura (el enlace entre la sección central y la recapitulación, o la Coda del Moderato son espectaculares) pero también sabe cantar con delicadeza en el Adagio sostenuto. El acompañamiento es excepcional, cuidando al solista pero ofreciendo con mimo las miniaturas melódicas de la partitura.

Para completar un posible CD, añado los Moments Musicaux, Op.16. Piezas románticas a ultranza, se percibe el influjo de Chopin en la cantilena del primero, mientras la bravura de casi demoníaca del segundo y el cuarto nos recuerdan a Liszt. Con una voz más personal canta el tercero en si bemol, donde ya aparece esa sugerente mezcla de sensualidad y misterio del mejor Rachmaninov. La serena contemplación del quinto es como la preparación del monumental sexto. No creo que haya queja sobre las versiones escogidas.


No.1 Si bemol mayor..............Dmitri Alexeev
No.2 Mi bemol mayor.............Vladimir Horowitz
No.3 Si mayor..........................Andrei Gavrilov
No.4 Mi mayor.........................Andrei Gavrilov
No.5 Re bemol mayor.............Andrei Gavrilov
No.6 Do mayor........................Andrei Gavrilov


A disfrutarlo.


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26/4/06

Rachmaninov, Obras Completas III: La Isla de los Muertos



En esta ocasión recurro al Rachmaninov de los poemas sinfónicos para traer una de sus obras maestras: La Isla de los Muertos, Op. 27.

Basándose en una de las pinturas más conocidas de Arnold Böcklin (1827-1901), Rachmaninov compuso esta partitura de sensibilidad ultrarromántica – Liszt y Chaikovski están ahí - pero cuyas sonoridades que deben algo al impresionismo francés. Es, posiblemente, su mejor partitura orquestal: libre del temor a la gran forma, la fantasía de Rachmaninov vuela con más naturalidad que en las Sinfonías.

La Isla de los Muertos es particular en el sentido de que no fue inspirada directamente por obra literaria alguna, sino por una pintura. El cuadro de Böcklin recurre al mito clásico de Caronte, el barquero que transportaba las almas a través de Laguna Estigia hasta el Reino de Hades. Y sin duda es la inexorable cadencia de remo de Caronte el motivo con el que arranca la obra, y que volverá con una potencia descomunal tras un hermoso pasaje donde el alma en tránsito recuerda la felicidad vivida. A partir de ahí se establece una sugerente atmósfera donde el difunto parece experimentar por última vez las emociones de los vivos (amor, miedo, duda) hasta llegar al gran clímax final, donde resuena ominosamente, cómo no, el canto llano del Dies Irae de la Misa de Difuntos medieval, una de las grandes obsesiones de Rachmaninov.

La versión presentada, excelente, es la de Lorin Maazel con la Filarmónica de Berlín, quienes nos sirven una sonoridad suntuosa.

Disfrutadlo.

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17/4/06

Rachmaninov, Obras Completas II:Las Campanas

Las campanas, como el canto llano del Dies Irae, fueron una de las imágenes musicales recurrentes en el pensamiento musical de Rachmaninov. Campanas, sin duda, resuenan a lo lejos en muchas de sus grandes codas sinfónicas, siendo la Segunda Sinfonía el ejemplo más clamoroso.
Y son las campanas, como imagen poética elegida por Edgar Allan Poe para describir las estaciones de la vida, quienes protagonizan esta partitura para orquesta, coro y solistas. Rachmaninov puso en música el poema en una traducción al ruso.
Comienza con la ligereza de las campanas de plata de la niñez, y acaba en el lamento y queja de las campanas de hierro de la muerte.

Disfrutadlo.

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Aprovecho para recordar la coleccción completa que está disposición del público de la Barra Libre.

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El siguiente link contiene una breve reseña sobre Las Campanas.

http://www.iclassics.com/featureArticle?contentId=252

3/4/06

Rachmaninov: obras completas

Rachmaninov es uno de los músicos culpables de que me aficionara a la música clásica. Uno de los primeros discos que compré fue el Concierto para Piano nº 2 acompañado de la Rapsodia Paganini, por Ashkenazy y Previn. Todavía lo escucho con emoción y recuerdo las sensaciones al descubrir una música que sabía me iba a acompañar siempre.

Resulta que dispongo de la práctica totalidad de la obra de Rachmaninov llevada al disco, y voy a compartirla con vosotros a razón de una composición por semana, según las peticiones que haya en la Barra Libre, mi correo-e, Weblaopera o Foroclásico.

A continuación, adjunto la lista de obras a vuestra disposición.

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Sin embargo, para abrir la ronda, me permitiréis que elija yo. Y empezamos fuerte con la maravillosa Sonata para cello y Piano Op. 19, que junto a las dos colecciones de Preludios, creo que es la obra maestra de Rachmaninov al margen del repertorio orquestal.

Obra de fuertes raíces clásicas – la forma así lo confirma – e impregnada del melodismo eslavo del autor (que también hace pensar en Chopin), es de unas dimensiones sinfónicas, y por supuesto la escritura pianística tiene un alcance mayor de lo habitual en la música de cámara. Sin embargo, el instrumento de cuerda es quien presenta la mayor parte de las ideas, estando ambos en pie de igualdad.
No puedo dejar de mencionar la inmarcesible belleza del Andante, mágico nocturno donde el canto del violonchelo alcanza una emoción casi insoportable.

Disfrutadlo.

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Enlace permanente, si el diablo no lo remedia: http://www.megaupload.com/es/?d=DZT6BKU9