30/7/10

Los peores (IX): Franco Bonisolli


En sus comienzos Bonisolli poseía una prometedora voz de contraltino, extensa y fácil en el agudo pero además relativamente robusta. Con seguridad no se trataba de un instrumento tan privilegiado como los de Pavarotti y Aragall, pero sí de potencial similar. Iniciaba su carrera en los años sesenta cantando óperas bastante infrecuentes y ante él se abría el repertorio de tenor lírico; en particular el protorromántico, que entonces estaba en plena explosión de popularidad. En la siguiente década empieza a aparecer en escenarios importantes y a grabar discos, pero para entonces el tenor, que nunca había sido un modelo de finura, ya había decidido ir a contracorriente de los tiempos y adherirse a los modos más rancios de los cincuenta. Todo empezó al derivar la idolatría que profesaba a Franco Corelli en una imposible imitación. El registro medio, que al natural era delgado y claro, empezó a estirarse y abombarse como el caucho y a tomar un color mate, vulgar y engolado. Producto de todos los trucos que debió aplicar para este fin, la columna de aire perdió regularidad, el registro de pasaje se opacó y las medias voces se contaminaron de inflexiones guturales y falsetísticas. Restó, como uno de los pilares de su carrera hasta el final, un registro agudo nunca squillante ni canónico, pero que el cantante disparaba hacia las galerías con sincera vocación de demagogo. Con estas premisas asaltó el repertorio di forza. El proyecto de tenor heroico di grazia quedó por tanto en el limbo y los modos veristas más dudosos de Corelli (incluyendo el abuso del portamento) pero también los del di Stefano maduro se prolongaban de forma anacrónica.

Aun con estas taras los medios de Bonisolli le podrían haber permitido hacer una carrera brillante, pero existían otros aspectos en su "arte" que lo han convertido en poco más que una curiosidad. Su preparación musical era insuficiente, pero además carecía del instintivo buen gusto de un Pavarotti. Su incultura para recitar y acentuar llegaba a ser desesperante: el slancio degeneraba en declamación plebeya; no parecía entender el patetismo si no como lloriqueo; lo amoroso en él se manifestaba desde la entrepierna. La altisonancia connatural de Corelli, ajena en esencia a sus medios líricos, era su único guión. Con estas coordenadas, hablar de intención de crear personajes con su canto es hasta ocioso. Si por lo menos puede decirse que en conjunto poseyó una personalidad reconocible, algo que hoy puede parecernos apreciable, ésta llegó a deformarse hasta el esperpento. El hombre parecía incapaz de reconocer sus carencias y desarrolló una especie de paranoia según la cual Domingo sería el conspirador en la sombra que boicoteaba su carrera. Mientras tanto los teatros se hartaron de su poca fiabilidad y en el ambiente se le empezó a conocer como il Pazzo por sus numeritos en escena. Su trayectoria pudo haber cambiado con la invitación de Karajan para cantar en Salzburgo, pero él dio una de sus habituales espantadas.

Los testimonios en disco de Bonisolli producen en quien los descubre una fiebre transitoria a la que sigue siempre el arrepentimiento: como una especie de pornografía musical. Hay, sin duda, momentos que suscitan entusiasmo, algunos incluso de buena ley, pero el aficionado con criterio pronto se alejará espantado de sus grabaciones. Las únicas excepciones las encontramos en dos discos de arias y dúos (con Freni) donde junto a los síntomas de su extravío aparecen espejismos del tenor que nunca llegó a ser. Tuvo el privilegio de registrar (Manrico y Alfredo incluso por duplicado) los tres grandes papeles de la Trilogía Romántica. Estas grabaciones, más que ninguna otra, testimonian su fracaso como cantante: ni siquiera Karajan pudo encauzar del todo sus posibilidades para hacer no ya un Manrico creíble, sino apenas cantado con urbanidad.

9 comentarios:

Ricardo Marcos G. dijo...

Sin considerarme siquiera un aficionado a Bonisolli y coincidiendo con los “corellismos” de su canto así como su predilección por diversos trucos vulgares (si bien emocionantes en estas épocas en donde el tenor lírico-spinto brilla por su ausencia) debo decir que los hay mucho peores. El instrumento existió. Su principal problema a mi juicio fue la falta de consistencia, su proclividad (psicológica) a la proeza circense.

Sin embargo, al margen de los mediocres testimonios discográficos consignados hay diversos registros en vivo, de sus primeros años, que muestran la madera que hubo. Algo de Rossini o del repertorio de la transición del clasicismo al romanticismo. Hay un Guglielmo Tell de 1976 dirigido por Guadagno en donde Bonisolli muestra varios momentos de brillantez y canto sensible junto con sus debilidades usuales.

Como uno de sus mejores trabajos discográficos me gustaría mencionar la Djamileh de Bizet (una verdadera joya) en donde la sensibilidad de su canto al lado de Lucia Popp es notable. Ejemplos son la romanza inicial de Haroun, medias voces bien conseguidas, un fraseo más cuidado y sorprendentemente un francés que si bien no es perfecto suena mucho más idiomático que el de otros contemporáneos italianos. En el dueto final se permite una declamación más fogosa pero por una vez no se pierde en el exhibicionismo.

¿Cómo lo logró Gardelli? Todo un secreto.

Arturo dijo...

No creo que Bonisolli haya sido uno de "los peores" ¡por Dios!

Peores es un adjetivo excesivo para Franco Bonisolli, digamos que pudo haber sido mas de lo que fué, pero peor... no exagere Iglesias; en efecto fué peor que Franco Corelli, pero mejor que la mayoría de los tenores con los que compitió en su época.

Ricardo Marcos G. dijo...

Me olvidé mencionar su Cavaradossi con Rostropovich en DG (1970's) a mi juicio es una de las Toscas más conseguidas en disco. Aquí Bonisolli canta con buena línea, sin gritar como lo hacía diStefano, muy atento a la Vishnevskaya y cerrando con un "e lucevan" oscuro y desgarrador como debe ser.

El ejercicio de "los peores" definitivamente ha sido divertido de leer, hay mucha certeza en los análisis de Gino pero también depende del oído con que se escuche. Un ejercicio que también posee un dejo de subjetividad.

Creo que Kurt Baum o Richard Tucker son mayores ofensores para destrozar el repertorio italiano que lo que fue Bonisolli. En sus mejores momentos fue un cantante de nota como lo atestigua su presencia continua en algunas casas europeas de nota.

saludos

Gino dijo...

Gracias por los comentarios.
No obstante, don Ricardo, le tengo que decir que no puedo estar más en desacuerdo con su aserto sobre Tucker. Para mí es uno de los mejores tenores de la segunda mitad de S. XX y la comparación con Bonisolli me parece insostenible. Tucker cantaba con su voz, cantaba como un profesional y era un músico. Nada de esto puede decirse de Bonisolli.

Baum sí podría ser un buen candidato, pero ni siquiera su figura tiene interés.

Saludos.

Anónimo dijo...

Hola, amigos... me permito sólo un comentario respecto del Baum, otro de los grandes misterios del MET y que, en mi modesta opinion, sin duda tiene cabida en el "Selecto Club de Los Peores ", no ya por su insignificante figura (como bien apunta Gino) sino sobre todo por la cantidad de grabaciones antológicas que destrozó al lado de nombres de primerísima fila SIEMPRE.
Sólo como apunte (tengo unas 30 grabaciones con él) y sus colegas en todas ellas fueron Maria Callas, Antonietta Stella, Zinka Milanov, Eleanor Steber, Rise Stevens, Giulietta Simionato, Astrid Varnay, Jarmila Novotna, Margaret Harshaw, Fedora Barbieri, Jean Madeira y Nell Rankin, a parte de los mejores representantes en la cuerda de barítonos y bajos de la época. Increíble!
Saludos, Eisenach

Ricardo Marcos G. dijo...

No nos podremos poner de acuerdo con respecto a Tucker Sr. Gino. Sin el afán de caer en una conversación circular realizando una comparativa entre Tucker vs. Bonisolli debo decir que el repertorio elegido por Bonisolli (en toda su amplitud) es más digno de un músico profesional que el de Tucker. Rossini, Gluck, Cherubini y algunas óperas fuera del repertorio además de lo usual frente a un tenor cuya mayor proeza fuera de la norma fue el Eleazar de Halevy.

El canto de Tucker tiene un fuerte sabor a cantor de sinagoga y simplemente masacra el idioma italiano; falta de respeto a las vocales ni una mínima preocupación por fonetizar adecuadamente el idioma. Es uno de los responsables del fracaso de la forza y la Aida de Callas en estudio con una emisión y declamación que los ingleses categorizarían como "ham". Admito que no todo lo que hizo carece de mérito pero su reputación ha sido sobrevaluada por el establishment del MET.
Saludos.

Gino dijo...

caray, Don Ricardo, casi parece que estemos hablando de Jan Peerce.

Sobre el repertorio de Bonisolli, bueno, yo diría este hombre daba igual lo que cantara, siempre era fiel a la plantilla del verismo. En todo caso, las curiosidades de repertorio son del comienzo de su carrera y francamente me es indiferente que alguien que cantaba así tuviera un repertorio más o menos tradicional.

Sobre Tucker, le comento un par de puntos:

- Cantó y más que correctamente Ferrando, Tamino y Lenski.
- Cuando apareció en Italia gustó y mucho.
- En general la crítica italiana no ha dejado de señalar sus defectos de dicción, pero no lo desechó ni mucho menos por ellos.
- Mejor escucharlo en grabaciones del vivo. Con los micrófonos cerca "daba" mal.

Saludos

Anónimo dijo...

Bueno, qué de subjetividades, como siempre que se habla de un cantante que con mayor o mejor fortuna haya pasado a la historia; al fin y al cabo la ópera es para muchos como el fútbol para otros.

Sobra la primera etapa de Bonisolli, la del tenor lírico y contraltino, no me queda más que decir como músico que ya hubieran querido muchos de sus coetáneos cantar como él a Rossini, Mozart o Glück. Escuchen Uds. si pueden su Tito de la Clemenza.


En cuanto a su "segunda etapa", también recordarles que, si nos guiamos por la tendencia actual de interpretación historicista de la música, los llamados "defectos" de Bonisolli son justamente las características con las que posiblemente haya que interpretar la ópera italiana romántica y verista. Señores, un poco de sinceridad, desde Bonisolli no ha habido un solo tenor que no aburra en ese repertorio, amén de esos timbres vocales de tan pocos quilates.

Si Bonisolli quiso ser Corelli, bueno también hay otro que ha querido ser Del Monaco, con una voz todavía más corta y otros defectos más evidentes...

Hubiera bastado con que dijera, miren señores, no me gusta Bonisolli, me cae mal y ya está. Disfrazar un gusto de opinión crítica bueno jeje. Ah, y sobre las historias que se cuentan de él, personas muy sensatas relacionadas con la ópera de Viena y de München le contarían versiones muy diferentes sobre esa supuesta "locura".

Un saludo a todos!

peristico dijo...

Qué opinión les merece su Alfredo en la película de La Traviata con Moffo bajo la batuta de Patané?