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24/12/09

Concierto de Diana Damrau en el Teatro Real

Con vuestro permiso, me tomo la licencia de ofrecer la conclusión de estas notas antes de su desarrollo: para tratarse de una cantante que llegaba con aureola de super virtuosa, el concierto del día 23 de diciembre ha sido una decepción.


En primer lugar se debe hablar del programa elegido. Algo falla cuando pasan tres cuartos de hora y resulta que sólo se han escuchado quince minutos cantados. No es de recibo incluir la "Pequeña Serenata", K.525 en un concierto de voz solista, pero sobre todo no se puede hacer lo que hizo López-Cobos con esta música: limitarse a que la orquesta tocara las notas con su acostumbrada abulia y para colmo con tiempos y articulación de hace cuarenta años. De esta forma se convierte al pobre Mozart en algo decorativo, ideal como acompañamiento mientras se toma café (porque además al conjunto de cámara se le escuchaba lógicamente en sordina en un recinto como el Real). ¿No era más razonable, sensato y conveniente programar una Obertura de una ópera de Mozart? Por desgracia, la falta de coherencia se extendió igualmente a la segunda mitad del programa. Ha de reconocerse, pues, que la presentación de Diana Damrau (1971) como concertista no se daba en las condiciones más adecuadas.

Damrau tiene un instrumento de soprano ligera, no de lírico ligera como parece que últimamente se concede a modo de convalidación discográfica. En la octava superior la voz está generalmente bien colocada, y así lo corrobora la estupenda dicción en los tres idiomas escuchados. El registro central muestra irregularidades con una posición que tiende a caer notablemente, perdiendo el sonido mucha nitidez y presencia (así se comprobaba en las frases "O vos animae beatae" del "Exsultate, jubilate"). Estos problemas de impostación en el centro son mucho menos aceptables que la lógica debilidad del grave. Por encima del do5 la emisión es solvente pero no tanto como era de esperar, puesto que las notas no siempre están liberadas del todo. En mi opinión se percibía claramente que sólo una fracción del timbre sonaba con libertad y ligereza aérea, incluso con punta, mientras otra parte no llegaba a correr por la sala: parecía chocar contra un techo físico. En cuanto a la ejecución técnico vocal, hubo alguna agilidad aspirada, respiraciones muy audibles y apuradas, la cadencia del aria "Mitridate" resultó como poco fallida y algunos trinos fueron glóticos. En fin, que en el apartado de estricto virtuosismo decepcionó.

Por el contrario en las páginas de melodía tendida demostró que sabe cantar legato y con una media voz nítida, a veces muy bien emitida (por ejemplo, sostuvo apreciablemente un piano sobre "Il pianto" en "Ah, non credea" al final del programa). En el bellísimo Andante del Exsultate cantó con pulcritud y sensibilidad, aunque por momentos la orquesta la engullera (!) y los trinos al final (1) fueran casi imperceptibles (!!). En las arias de Pamina y Donna Anna (ésta ya en las propinas) fue una intérprete de categoría. En particular en "Non mi dir", puesto que las virtudes de su timbre (esta vez nítido, con metal y vibración) se apreciaron mejor que durante el resto de la noche y ni siquiera se echó de menos una voz con más cuerpo. Además de la línea pura y matizada, su interpretación tuvo distinción y reprodujo con mucho carácter las agilidades de la coda. En cambio las notas picadas del "Ach, ich fühl's" fueron más bien discretas.

Tras una primera parte dedicada íntegramente a Mozart (arias de Pamina y Aspasia y "Exsultate, jubilate") se escogió la cavatina de Rosina para comenzar la segunda. Aquí no parecieron adecuados ni los adornos (excesivos y no perfectos) ni la intención. Existen una serie de clisés que se han establecido entre las sopranos ligeras (jadeos, risillas) y tienen poco que ver con la comicidad del "Barbiere". Hacia el final del "Moderato" montó un numerito de baile que causó tanta incomodidad como a día de hoy puede provocar un intérprete "palo" en una ópera escenificada. Hay un momento y un lugar para cada cosa. En la escena de Manon la acentuación fue de nuevo un poco vulgar y el re5 (al final de "Je marche sur tous les chemins") sonó casi a chillido. Es difícil que una voz de este tipo llegue a convencer como "femme fatale" y en la Gavotte uno creía escuchar un personaje más bien infantil y petulante (aparte de que los sobreagudos no fueron precisamente bellos). En el aria de Amina ("La Sonnambula") resultó un poco ligera, pero moduló su canto dentro un rango suave y ligó con cuidado. En la cabaletta "Ah, non giunge" su intento de acentuar con entusiasmo derivó en cierto énfasis de inconfundible influencia gruberoviana. Esta imitación - ¿consciente? - de la diva de Bratislava también apareció en determinados ataques "planos" a los que luego iba dando vibrato. Damrau debería eliminar ambos detalles: primero porque la imitación nunca es recomendable; segundo porque esas acentuaciones quedan relamidas y amaneradas. En la sección central optó por interpolar un buen mib agudo y los "abbellimenti" de rigor en la repetición tuvieron interés.

En resumen: soporífera primera parte, concluida además con un "Aleluya" sin vuelo por parte de la batuta y discreta ejecución de agilidades de la solista. Siempre con las reservas apuntadas, tuvo más interés la segunda, pero el delirante programa, además de absurdo, no permitió que la intérprete tuviera continuidad. ¿Alguien puede explicar qué pintaban la Obertura de "La Scala di seta" y la Pavana de Ravel en ese contexto? López-Cobos, imagino que ya de vuelta, acompañó las arias con lentitud, casi demasiada incluso en el caso de la Flauta y produjo mucho ruido en la coda de "La Sonnambula", con los metales y percusión desaforados que ya estamos acostumbrados a padecer. En cambio mostró más atención, incluso mimo, hacia las sutiles sonoridades de esa maravilla que es la Pavane. Oír para creer, señor López-Cobos.

No parece justificada la aprobación apoteósica de la audiencia a un concierto de este nivel. Es de desear que Damrau sea consciente de lo engañoso de su trinfo anoche. Lo contrario sería preocupante, puesto que hay lagunas en su canto que debe solucionar. Reconocerlas a pesar de la adulación del público es el primer paso; no caer en el conformismo del éxito fácil, el siguiente.

(1) En realidad hay que aclarar este punto: en un principio estuve seguro que no haber escuchado esos dos trinos. Tras comprobarlo en un Youtube del concierto resulta evidente que sí los reprodujo. Lo que tengo claro es que no se percibieron desde mi butaca de Paraíso; quizá por el tono gutural y apagado que tuvieron, ¿un truco para hacerlos en pianissimo?

1/11/09

Recital de Elīna Garanča en Sevilla


Para cumplir con la difícil papeleta de sustituir el recital previsto de Edita Gruberová, el Teatro de la Maestranza ha traído a una de las cantantes que más rápidamente se han situado en primera línea durante la última década, la mezzo letona Elīna Garanča. A pesar de la desconfianza que suelen inspirarme los nombres tan respaldados por la publicidad de las discográficas, lo escuchado hasta ahora en disco me pareció del suficiente interés para hacer el viaje.

- Mozart: Non so più ("Le Nozze di Figaro") y Parto, parto ("La Clemenza di Tito")
- Schumann: Frauenliebe und-leben
- Falla: "Siete Canciones Populares"
- Saint-Saëns: Mon coeur s'ouvre à ta voix ("Samson et Dalïla")
- Bizet: Habanera y Seguidilla ("Carmen")
- Chapí: Romanza de Socorro ("El Barquillero") y Carceleras ("Las Hijas del Zebedeo")

En primer lugar hay que hablar del programa elegido, pues no deja de ser un tanto incoherente; está bien que para presentarse ante un público uno quiera mostrar toda su versatilidad, pero pasar de Mozart al Lied y Falla, continuar con dos arias de ópera francesa y por último romanzas de Zarzuela parece un collage más bien difícil de ensamblar. Para remate, dos propinas tan desconcertantes como "Granada" y "Marechiare" (con un bonito trino de adorno). Parece haberse establecido entre las nuevas generaciones de cantantes esta costumbre de alternar repertorios casi antitéticos, como si fuera una declaración de principios contra la especialización.

La voz de Garanča corresponde a la de una mezzo aguda, de indudables amplitud y solidez, pero en esencia lírica. El timbre es muy bello aunque no personalísimo o inconfundible. La técnica de emisión es muy buena y esto es algo que ya la distingue de la mayor parte de cantantes que se presentan ante el público en la actualidad. El control de las dinámicas en cualquier altura es casi pleno y no fuerza nunca, lo que redunda en que el timbre mantiene su morbidezza en todo momento. Sólo se percibe alguna impureza en ciertos ataques con inflexiones guturales y en una dicción un tanto borrosa. El color es de mezzo sin trucos, el agudo amplio y fácil, capaz de llenar la sala pero sin squillo, y el grave bien resuelto y soldado al centro. Es decir, no estamos ante la típica soprano corta que se hace pasar por mezzo creándose un registro grave mediante resonancias espurias.

Además se trata de una intérprete que gana mucho en vivo, pues mostró una variedad de registros sobresaliente, pasando del recogimiento de la primera parte (Lieder y Mozart) a la extroversión de la segunda (Falla y sobre todo la Zarzuela). Frente a la monotonía de su último disco dedicado al belcanto romántico, el recital se caracterizó por la variedad de acentuaciones, la propiedad con que se adaptó al carácter de cada pieza y la capacidad para alternar lo íntimo con lo extrovertido, lo melancólico y lo exultante, lo culto y lo popular, lo camerístico y lo teatral.

Su timbre juvenil conviene a los papeles en travesti de adolescente, complementándolo con un canto nervioso, inquieto, ágil. Estuvo más cómoda en "Non so più" que en "Parto, parto", cuya sección final contiene vocalizaciones donde la voz perdió presencia, como si destimbrara para afrontarlas. Este defecto también se apreciaba en los pasajes floridos del citado disco. Es una cuestión técnica que podría solucionar manteniendo el apoyo correcto.

El bellísimo ciclo de Schumann recibió una interpretación sensible e inteligente. No se trataba simplemente de una cantante de ópera haciendo Lied: G. sabe bien lo que tiene entre manos y lo mostró a través de la contención de los medios y la expresión justa. El ciclo alcanzó en "Nun hast du mir ersten Schmerz getan" una atmósfera de intimidad muy meritoria.

En las Canciones Populares de Falla la falta de nitidez de su dicción se manifestó con más relevancia, pues apenas se le entendían palabras sueltas. Cantar bien con una dicción nítida es cosa de maestros: Garanča canta bien, muy bien de hecho, pero en este apartado tiene algo que mejorar. Sin embargo cada pieza gozó de sorprendente adecuación de estilo, destacando la genuina gracia de la "Jota". La última, la desgarrada "Polo", quizá le resulte demasiado grave .

Las únicas arias de ópera de la segunda parte cumplieron la expectativa que tuve en la primera: la de que siempre había una reserva de voz que se guardaba para el momento en que fuera necesaria. El inicio del aria de Dalila fue un poco extraño, empezando por el tempo presuroso, que pareció poco adecuado para un fragmento de ese abandono sensual. La voz recorrió con suficiencia la tesitura grave (en realidad de contralto) del aria y se desplegó en toda su belleza en la franja aguda. Incluyó en la conclusión la puntatura habitual (que está escrita en la particella de Sansón) pero tomándola en un bello piano; eso sí, con toda una nota de apoyo, un portamento demasiado ostensible. Estuvo refinada en la ejecución de las canciones de Carmen, salvo por la manía de alterar las ligaduras en la Habanera, haciendo portamenti que luego la obligaban a tomar aire a destiempo. Se nota la cercanía de las exitosas funciones londinenses en la intención teatral del acento. Menos convincente los "Tra la la" de las Seguidillas.

En las romanzas de zarzuela estuvo magnífica, incluso mejorando su dicción. Es de verdad sorprendente la chispa, la gracia y la intención que les da, con una implicación emocional insólita en un cantante extranjero. En "Cuando está tan hondo" además hubo detalles canto de escuela, como un agudo regulado de forte a piano fácilmente. Más dudosos los trinos, acusadoramente glóticos, al final de "Al pensar en el dueño de mis amores".

Además ser una mujer muy guapa, sabe estar en el escenario y acompañar el canto con una gestualidad económica pero atrayente.

Por último, una reflexión sobre el cambio de repertorio que Garanča supuestamente va a realizar hacia papeles de más peso, lo que viene a significar Verdi. Quizá sería conveniente que fuera progresivo y sin precipitación, puesto que a pesar de su solidez ésta es una voz lírica. Tampoco parece que esta nueva orientación sea una excusa para dejar sin corregir los problemas en las vocalizaciones: hay que recordar que también personajes como Azucena y Éboli tienen pasajes de agilidad. La técnica correcta es válida para todos los repertorios.

Charles Spencer es un estupendo acompañante: sostiene y arropa, pero también distingue planos e intensidades. En la primera parte interpretó un luminoso Adagio en si menor de Mozart.

Lo peor de la noche el otro acompañamiento (el de las toses) durante "Frauenliebe und-leben", liderado desde patio de butacas por una destacada solista.

Muy disfrutable.

27/5/07

Recital de Mariella Devia en Málaga (8/05/07)

Mariella Devia, a sus 59 años recién cumplidos, retiene de modo asombroso la mayor parte de las cualidades con las que se ha convertido en referencia del repertorio belcantista romántico. El paso del tiempo sólo se deja sentir en algunos sonidos duros al cantar forte sobre la zona media-alta. Por lo demás, son sensacionales el sustento y dosificación del aire, que le permite ligar arcos canoros enormes sin rastro del temido vibrato amplio (tan común a ciertas edades) y con una seguridad de entonación absoluta. En su recital malagueño del 8 de mayo, Devia cantó con una perfección que rara vez volveremos a escuchar. Resplandecía un legato inmaculado de variedad dinámica infinita, con una facilidad para la messa di voce digna de un instrumento de cuerda. A destacar la plenitud de las medias voces, la claridad de los trinos y la seguridad del sobreagudo.
Con estas condiciones, siempre he creído que un cantante ha de ser capaz de transmitir, de emocionar al público. Sin embargo, tras la primera parte, constaté con cierta irritación que no fue así en este caso. Irritación no tanto por la indudable monotonía de ciertos tramos del recital, como por la sospecha de que una cantante con medios más comunes y presupuestos expresivos menos estilizados, pero directos, me habría hecho disfrutar más. La tópica falta de sentimiento de Devia se había hecho realidad, sobre todo en las canciones de Rossini, faltas de gracia y de chispa. Quizá la suficiencia técnica de la cantante se transmitía a su canto, excesivamente sobrio, de una acentuación demasiado seria. Las cosas no habían mejorado con una impecable aria de Adelaide di Borgogna ni con la bellísima “Qui la voce sua soave” de I Puritani, donde se echaron en falta la fragilidad y el desconsoloado patetismo del personaje . Hay que reconocer que una cosa como la cabaletta “Vien diletto” no se puede escuchar todos los días: el público enloqueció con el mi bemol sobreagudo, sostenido a placer, redondo y brillantísimo. Pero fue una sólo una nota. No ayudaba el conservador programa, injustificable dada la plenitud de la artista. Las canciones de Rossini y Bellini fueron ejercicios intachables de estilo, ni más ni menos.
En la segunda parte, mi escepticismo aumentó pues las canciones de Donizetti escogidas resultaron tener menos interés musical. Por suerte, fue comenzar “Piangete voi” de Anna Bolena, y el recital dio un vuelco. El acento áulico de la cantante encuentra su sitio sin duda en las reinas donizettianas, pero además supo darle a su canto una mayor espontaneidad. Cautivadora la perfecta dicción del recitativo, de una propiedad impresionante, y magistral lección de canto elegíaco en “Al dolce guidami”, lleno de momentos felices, en particular un paso del pianissimo al forte escalofriante. Inolvidable la cadencia, donde la frescura del timbre podría haber hecho creer que estábamos escuchando a una cantante 25 años más joven. En definitiva, la esperada sublimación expresiva del estilo. Destacable la tercera canción de Verdi, L’Abbandonée, donde sostuvo la altísima tesitura con una clase insultante, y espectacular la cabaletta, con repetición, de I Lombardi. Devia se debió contagiar del entusiasmo del público, pues ofreció tres propinas de un nivel muy superior al programa. Una estrofa de “Addio del pasato”, cantada en un hilo de voz, de una contención enorme sólo rota en el si bemol agudo conclusivo. Dando un enorme salto expresivo, “Quando men vo”, donde estuvo casi chispeante. Y para cerrar, “Casta diva”. Si bien a Devia le falta rotundidad vocal para el personaje, ofreció una lección de canto italiano, con todas las virtudes apuntadas puestas al servicio de la melodía. Hipnóticas la línea exhibida, la claridad de los adornos, la perfecta articulación incluso en los momentos más comprometidos. En la cadencia, ligada con una amplitud de alientos pasmosa, la plateada voz evocó reflejos lunares. “Increíble, increíble”, murmuré en los últimos compases. Un recital, en resumen, planteado de un modo incomprensiblemente cicatero, que creció hasta convertirse en algo memorable. Acompañamiento compenetrado y servicial de Ida Iannuzzi.

El recital, cortesía de Radamès:
http://italianidad.crearforo.com/recital-mariella-devia-en-malaga-9-05-07-es3709.html

En estos días hemos sabido que el esposo de Mariella Devia ha fallecido. Desde aquí nuestro cariño y condolencias.

22/5/06

Gran recital de Ismael Jordi en Málaga (20/05/06)

Ismael Jordi es un tenor lírico ligero jerezano que está haciendo una carrera inteligente y pausada, tengamos en cuenta que empezó a estudiar canto en 1998, y cuyo nombre pronto debe aparecer en los grandes escenarios europeos. La voz, bien timbrada, homogénea, clara, y su emisión limpia, apoyada en una técnica sin carencias, le permiten cantar con una corrección rara en estos días. Muestra en vibrato rápido característico (lo que algunos críticos llaman el vibrato español) pero controlado. Es un cantante de gusto, que practica medias voces y siempre busca darle sentido y sensibilidad a lo que canta.

El pasado sábado 20 de mayo, Ismael Jordi cantó un recital en el antiguo Conservatorio María Cristina malagueño, acompañado por Rubén Fernández al piano. Es una sala pequeña, añeja pero de indudable encanto, y con cierto ambiente familiar, porque en verdad éramos menos de trescientos los asistentes. Sin embargo, tan grandes fueron la seriedad, el entusiasmo y la ilusión que mostraron ambos jóvenes intérpretes que parecía que se tratara de una actuación en un gran teatro, pero con la cercanía de tener al público a un paso. (Lo que produjo varias anécdotas hacia el final, cuando los bises llevaron a la concurrencia al delirio)

Porque vaya por delante: fue un recital de esos que le hacen a uno feliz por unas horas. Sin alharacas ni aspavientos, demostraron que con canzonette y cuatro arias se puede triunfar si la voz y la técnica se ponen al servicio del buen canto. Con un repertorio muy variado, Jordi cantó con la misma propiedad e inteligencia el Bellini elegíaco de las canzonette, el Tosti decadente y sentimental o la zarzuela más racial. Extrañó el comienzo con tres canciones de Manuel García, porque además la tesitura de las mismas, muchas veces baja, era claramente incómoda para la voz de Ismael Jordi, que se movió con mayor libertad en Bellini, cantado algo rápido y sin los rallentandi que prescribe la tradición. Valiente en la complicada Vanne o rosa donde lució registro agudo suficiente. Las canciones de Tosti (Vorrei morire, ‘A vucchella y L'ultima canzone, no Chanson de l’Adieu, como decía el programa) fueron cantadas con fervor, elegancia y toda la pasión que requiere esta música tan sentimental, pero bellísima, y que puede llegar a ser muy emocionante. Y así lo demostró en la grandilocuente Vorrei morire, que arrancó los primeros bravos de la noche. Con gracia y picardía desgranó ‘A vucchella, que culminó en una bella media voz. En una sala tan pequeña, se pudo apreciar la liquidez de la voz del tenor, que acarició los oídos de nuevo en L’ultima Canzone. Seguro en los agudos que cierran la página, donde su técnica brilla sin fisuras.

La segunda parte se abrió con ópera. La melodía de La mia Letizia infondere (I Lombardi de Verdi) fue cincelada con gusto y suficiente variedad, como todo lo que se escuchó esa noche. Optó por no interpolar el si natural, pero no se echó de menos. M’apparì, de Martha, fue cantada en el alemán original (muy correcto) y con su recitativo. Las medias voces del da capo fueron preciosas, y el paso del piano al forte, resuelto de forma canónica. Los ascensos al si bemol3 resultaron penetrantes y redondos. Ya estábamos todos entusiasmados. El cambio total de estilo que requirió la zarzuela fue asumido por el tenor como un auténtico maestro, quien llegó incluso a lo jondo en el Adiós Granada, que se incluyó como cambio, y que sinceramente no sé de qué zarzuela procede (1). Con todo el arte del mundo, como corresponde a un jerezano, cantó también Mujer de los negros ojos, donde los melismas adquirieron un carácter auténticamente andaluz... Cambió el orden de las piezas para dejar al final No puede ser, donde estuvo fantástico, al sostener sin esfuerzo el agudo final, provocando estruendosos aplausos. Hay que destacar la intensidad y adecuación con que acompañó el joven Rubén Fernández, quien fue muy aplaudido.

Como propinas, se empezó por La canción del Olvido de Ginastera y Del cabello más sutil, dedicada además a Alfredo Kraus “mi maestro, quien la cantaba muy bien”. El público malagueño conoció el Nemorino de Ismael Jordi la pasada temporada, y no paró de aplaudir hasta que el cantante se animó a improvisar – porque estoy casi seguro de no la tenía preparada para la ocasión – Una furtiva lagrima. Se notó un lapsus en un verso (que se inventó) pero fue una versión exquisita y sentida, con un estilo inalcanzable para otros cantantes de renombre que andan por ahí. Ejemplares las medias voces acariciadoras, la fluidez del legato, el soleado si bemol3 (incluso apianado) y una cadencia extraordinaria, con una messa di voce perfecta. Acabó cantando sentado en las escaleras del escenario, como si le estuviera haciendo una confidencia al público. Fue realmente encantador y se lo agradecimos como era debido. Una noche perfecta.

(1) Los emigrantes, según un amigo de Hispaopera me ha comunicado

5/4/06

Recital de Inva Mula en Málaga (04/04/06)

Es la de Inva Mula una voz de soprano lírica de gran calidad. Con una extensión amplia, que le ha permitido cantar Gilda, destaca el bello timbre, cálido, luminoso, muy en la línea de Freni, que mantiene su homogeneidad y redondez en toda la gama, y aun en los pianissimi, canónicos, que acarician el oído como una cinta de seda. El volumen, en una sala pequeña como el Teatro Cervantes, es más que suficiente y está muy correctamente proyectado, de manera que se puede apreciar la belleza del centro y de algunos agudos, que llegan a ser penetrantes, punzando los oídos – pero manteniendo su calidad – mientras que los pianissimi son perfectamente audibles.

En el concierto de ayer en Málaga, mostró dos caras como artista: en la primera, sosa, sin gracia, reservona. La verdad: olvidable dentro de la corrección vocal. No se puede ir por la vida así: tres canciones de Rossini y otras tres de Bellini pasables, el “O quante volte” de Capuleti estilo ensayo (sin esa pátina elegíaca imprescindible) y “Una voce poco fa”.

En la segunda, mucho cambió la cosa con un repertorio que parece resultarle más afín: el Aria de la Joyas de Faust, donde sin embargo escamoteó el trino final, y un “Adieu, nôtre petite table” con su recitativo, sentido, melancólico, acariciador. También Edelmiro Arnaltes pareció centrarse, ofreciendo en toda esta parte un acompañamiento idóneo. A continuación, tres canciones de Tosti, donde fue artista, dominando el escenario, dando a esta música deliciosa y decadente una sensualidad y una calidez ideales. En “Pour un baiser” estuvo exquisita, con todas las cualidades vocales apuntadas. Lo mismo puede decirse de la Melodie de Poulenc y Les Filles de Cádiz. Los momentos donde logró la máxima atención del público. Dos propinas hispánicas ("Del cabello más sutil" terminada muy hermosamente) para calentar un poco el ambiente de un concierto rácano, pero del que salí contento. Así están las cosas: medio recital de un nivel alto sirve para hacerme feliz…

Saludos.