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23/12/09

Jenůfa en el Teatro Real

Representación correspondiente al día 22 de diciembre de 2009; la última de la serie, por tanto. La ficha artística de la misma aquí.

La producción, contrariamente a la presenciada en Málaga el pasado mes de mayo, omite casi la totalidad de los aspectos populares de la ópera, con excepción del vestuario del coro. El interés de Stéphane Braunschweig parece haberse centrado en el reflejo de la sicología de los personajes, planteamiento lícito que Robert Carsen realizó brillantemente en la "Kát'a Kabanová" del año pasado. Así pues, escenarios prácticamente desnudos, dominados por paredes que se van cerrando en torno a Jenůfa desde el segundo acto (en el primero hubo una evidente falta de ideas). El problema reside en que semejante austeridad agota rápidamente su interés y a nivel escénico la representación depende exclusivamente del trabajo de los actores. No puede decirse que en este caso el resultado haya pasado de una rutina honorable pero sin suficiente fuerza.

Algo que también podría aplicarse a la actuación vocal, con una Jenůfa y una Sacristana que cantaron con solvencia pero sin convencer del todo. Amanda Roocrof ofreció una protagonista con carácter, más madura que la adolescente apocada que a veces se escucha. La voz es suficiente para el papel, aunque tendía a perder presencia en el registro central y los reguladores forte-piano fueron un tanto guturales. Su precupación por matizar, además no estar impecablemente resuelta, no terminó de hacer los hallazgos expresivos que exige un personaje tan patético. Deborah Polaski mantiene una rotundidad vocal que hacía esperar una Kostelnička mucho más impactante. Su actuación fue demasiado severa. En la escena con Steva del segundo acto ofreció un canto sumiso y bien ligado, pero siempre caracterizado por el distanciamiento. No impresionó especialmente en la exclamación con que concluye este acto, un bombón para cualquier cantante actriz. Tampoco es que la errática construcción del clímax por parte de la batuta fuera de ayuda, pero Polaski emitió un agudo abierto y sin penetración, concluyendo la frase prácticamente en un grito.

Miroslav Dvorský (Laca) resultó más convincente que cuando cantó el Steva en la ya citada función malagueña. La voz es gutural y monocorde, pero no le faltó implicación. De ahí a motivar la rendición definitiva de Jenůfa al amor verdadero, sin embargo medió un largo trecho. Nikolai Shukoff fue un Steva de timbre lírico que brilló aceptablemente en el final del primer acto ("Eres la más bonita de todas"). Podría esperarse algo más de él siempre que resolviera el paso entre registros y corrigiera la posición engolada.

El resto de cantantes tuvo un nivel más que aceptable, lo cual supone siempre una sorpresa.

Ivor Bolton dirigió con discontinuidad dramática, acentuada además por unos silencios prolongados más allá de lo razonable. El fracaso del juego de tensión-distensión en los clímax consiguió que la terrible perorata de los metales al final del segundo acto pasara casi como una fanfarria de pueblo, mientras que el final de la ópera careció de cualquier sensación de catarsis. La orquesta volvió a sonar débil y sin mordiente en sus secciones de cuerda, lo que motiva el acostumbrado desequilibrio a favor de metales y percusión. El coro, un tanto vociferante, tuvo varios pasajes donde los tenores no se empastaron. en el conjunto

La típica noche de rutina que pasa sin escandalizar, pero no deja nada en el recuerdo.

11/5/09

"Jenůfa" en Málaga (10 de mayo de 2009)



Crece la atención de los teatros españoles hacia las óperas de Leoš Janáček y siguen confirmándose las buenas condiciones actuales - escénicas, vocales - para representarlas.

La ficha técnica de la representación.

La producción del Teatro Moravo-Silesio de Ostrava, como no podría ser de otra forma, es tradicional y presenta en toda su sencillez el aspecto nacionalista, incluso pintoresco, de la ópera. Recordando que el título de la obra teatral de Gabriela Preissová era Její pastorkyňa, "Su hijastra", la acción refuerza el papel central de la Sacristana, una figura ominosa en el primer Acto y desgarradora y trágica en los siguientes. Hubo algunos detalles fantasmagóricos en el segundo Acto que no parecieron tener demasiado sentido.

Fue una buena función, a pesar de que Elena Prokina no llega a hacerle justicia al papel titular. Su voz corresponde a una soprano lírica y resulta muy exigida por una escritura característicamente ardua: el agudo se abrió en los pasajes más dramáticos, falto por tanto de metal para sobrepasar la orquesta. Sin embargo el mayor problema de su emisión se presenta en el registro medio, apagado y falto de sonoridad hasta el punto de que podría hablarse de agujero en esa tesitura, lo cual sorprende en una cantante que aún es joven. Inevitablemente el fraseo en esa zona se resintió, perdiéndose incluso bajo un acompañamiento moderado. El papel también pide cantar a media voz en muchos momentos de singular recogimiento (la oración del segundo acto), pero éstos perdieron su expresividad debido a la tendencia de la media voz de Prokina a quedarse "atrás" (atrapada en la garganta). De nuevo estamos ante una cantante con buenas intenciones a la que los problemas técnicos impiden realizarlas.

El punto fuerte de la noche fue la Sacristana de Agnes Zwierko, con una voz de mezzo robusta, acerada y quizá algo cavernosa en el grave, que sin embargo mostró matices suficientes para suscitar empatía y que el tremendo personaje no se convirtiera sólamente en un mostruo. Su actuación fue autoritaria, pero con ofreciendo claroscuros vocales que transmitían la evolución del personaje a través de sus monólogos. Impresionante en la escena donde decide matar al bebé de Jenůfa y estremecedora su exclamación "Jako by sem smrt načuhovala!" (al final del Acto II): amplia, penetrante, terrible. Al final de la representación el reparto (que le cedió el último lugar para los saludos) y el público reconocieron su estupendo trabajo. Zwierko ya fue apreciada en este papel en La Scala.

Los tenores encargados de Laca (Michael Hendrick) y Števa (Miroslav Dvorský) exhibieron la acostumbada técnica diletante a la que se ha resignado el público, convencido de que la emisión de agudos feos y durísimos es sinónimo de veracidad dramática. Las voces de ambos muestran la típica robustez del timbre engrosado y gutural, que en un teatro de pequeñas dimensiones puede ser válida pero siempre vulgar y de valor estético escaso. Las frases de Števa en el dúo con Jenůfa ("Eres la más bonita de todas", Acto I) que piden el timbre brillante y juvenil del tenor romántico, fueron despachadas por Dvorský con sonidos inclasificables como musicales, más bien pertenecientes a la fauna propia de la granja. Hendrick se mostró un poco más sensible y seguro hasta el final, aunque tampoco su súplica "Incluso eso soportaré por ti" fue digna de producir la catarsis conclusiva, la entrega de Jenůfa al amor verdadero, que tan bien retrata el acompañamiento orquestal.

El resto del reparto cumplió con afinidad hacia el idioma y el estilo de canto dialogado que el autor implantó en ésta, su primera obra maestra (sobre todo en lo que concierne al hipnótico y desolado segundo acto). Oliver von Dohnányi guió con nervio la narración, extrayendo de la orquesta el sonido áspero y ácido que se asocia a Janáček, pero coloreado y modulado cuando fue necesario. La cuerda quedó algo falta de fuerza en la conclusión, aplastada por los metales. Muy buena actuación del Coro, vigoroso y chispeante en los números populares.

Sólo hubo que lamentar que se hicieran pausas largas entre actos, lo cual extendió la recita hasta las 23:15, y el patio de butacas medio vacío (entradas a 120 euros).

21/12/08

"Kát'a Kabanová", nuevo acierto del Real


Pocas veces una serie de funciones del Teatro Real habrá sido recibida con tan unánime entusiasmo: los comentarios en los foros y prensa están siendo enormemente elogiosos y por tanto mis expectativas el pasado día 20 de diciembre era altísimas. No hubo decepción.

Magnífica noche de ópera, en mi opinión no tanto porque cantantes, orquesta o desarrollo escénico alcancen cotas excepcionales, sino porque todos estos aspectos, ciertamente a un nivel muy alto, se refuerzan entre sí creando una obra de arte total.

Hubo una estupenda protagonista con Karita Mattila, soprano versátil que a sus cuarenta y ocho años parece estar centrándose en estos papeles de cantante-actriz. La importante voz, de lírico-spinto, se hace algo áspera en el agudo, que siempre tendió al sonido fijo, pero aún es bien capaz de recoger el volumen en medias voces bellas, consiguiendo claroscuros y acentos emotivísimos donde correspondía. Memorable por ejemplo al confiarse a Varvara ("No puedo dormir, querida") En el apartado negativo hay que decir que en su confesión durante la tormenta se acercó demasiado al grito. Como actriz estuvo convincente y conmovedora, tanto por un físico que se conserva atractivo y juvenil, como por un comportamiento en escena que transmitía la naturaleza ensoñadora y frágil de esta mujer "a la que una brisa podría destrozar".

Muy bien la Varvara de Petrinsky, de voz fresca y actuación juguetona. Insignificantes los señores (quizá se salvaba un poco más Gordon Gietz como Kudriash) con un Boris mal de voz (Dvorský actuó indispuesto, según se anunció antes de la representación) que apenas pudo sostener los pocos pasajes exigentes de la escena de amor. Dalia Schaechter (Kabanicha) tampoco aportó detalles a la caracterización del odioso personaje, que pareció exclusiva de la orquesta.

Orquesta magníficamente guiada por Jiří Bělohlávek. Para darse cuenta de la afinidad que el director checo tiene con esta música sólo hubo que escuchar el pasaje donde Janáček comenta la entrada en escena de Kát'a: pocas veces se encuentra en el repertorio una mayor declaración de afecto, de devoto amor, del autor hacia su criatura. Y Bělohlávek la ofreció con una orquesta que fue mórbida, cálida, conmovedora. Con la Kabanicha, en cambio, el sonido era áspero y helado. El Preludio también fue cautivador por el colorido y la variedad de estados de ánimo. Si acaso se puede reprochar una tormenta más sonora que aterradora y la falta de mordiente de los violines en la última perorata del destino (justo al final de la ópera).

Impresionante la producción de Robert Carsen, empezando por una coreografía estremecedora durante el Preludio. Hay que reconocer que el juego de las bailarinas, una imagen del alma de Kát'a desdoblada, se hizo un poco repetitivo a medida que avanzaba la función. Con un escenario desnudo - sólo cubierto por agua (el Volga) y un entablado de palés - Carsen se ha confiado a una dirección de actores de una teatralidad eficacísima y una iluminación que sin dejar de ser obvia y cinematográfica alcanzó efectos muy bellos, creando una sugestiva complicidad con la música y los reflejos del agua. Con estos elementos no hacen falta decorados, pues "Kát'a Kabanová" es una ópera que se desarrolla a nivel sicológico y tanto música como teatro reflejaron perfectamente la evolución del personaje.


Como reflexión sobre la ópera y el autor se me ocurrió que las pequeñas historias que rodean al argumento principal en Janáček - en este caso, los absurdos diálogos de Dijon - consiguen crear un contexto de cotidianidad tan ajena a los sentimientos de la protagonista que incorporan una perpectiva irónica y distanciada al lirismo de la partitura.


Nuevo acierto, pues, con Janáček, que el público recompensó con entusiasmo.

29/6/08

"El Caso Makropulos" en el Teatro Real: One woman show


28 de junio de 2008

Equipo artístico:

Dirección musical: Paul Daniel
Dirección de escena: Krzysztof Warlikowski
Escenografía y figurines: Malgorzata Szczesniak
Iluminación: Felice Ross
Dirección del coro: Joan Cabero

Reparto:

Emilia Marty: Angela Denoke
Albert Gregor: Charles Workman
Jaroslav Prus: Vincent le Texier
Vitek: David Kuebler
Krista: Deanne Meek
Hauk-Sendorf: Ryland Davies
Janek: Ales Briscein
Doctor Kolenaty: Tomasz Konieczny


Las óperas de Leoš Janácek cada vez se están haciendo más frecuentes en la programación de los teatros europeos. Comprobados los resultados, esto suscita una serie de reflexiones que dejamos para el final.

La función lo tuvo casi todo para entusiasmar, pero yo no tenía la tarde debido a una indisposición y no logré conectar con el espectáculo. Por tanto me limito a comentar los aspectos objetivos de la velada.



Angela Denoke es actualmente la más destacada actriz-cantante del repertorio centroeropeo posromántico: "Wozzek", "Die tote Stadt" y "Káta Kabanová" son algunas de las óperas donde tiene poca competencia. Este papel exige un activo trabajo escénico y Denoke transmitió la personalidad de la inquietante diva con una fuerza que llegaba incluso a los pisos altos: los movimientos de Marilyn Monroe estaban brillantemente imitados y en el segundo Acto era la perfecta femme fatale, a lo cual también ayudó la estupenda figura que luce. No me imagino cuánto mejoraría su actuación pudiendo captar sus expresiones faciales.
La voz es nítida y expresiva tanto en los ataques plenos como cuando canta piano. En el dúo con Gregor del segundo Acto sonó conmovedoramente nostálgica, mientras algunas de sus interjecciones durante la escena en que recibe a sus admiradores conseguían hacerla casi odiosa. Su extraordinaria escena final fue brillante desde todos los puntos de vista.

El resto del reparto (cuya importancia musical palidece ante la protagonista) estuvo servido por un equipo eficaz de actores cantantes familiarizados con la música de Janácek y totalmente comprometidos con la producción. Charles Workman tuvo problemas audibles en el citado dúo con Denoke pero su trabajo fue digno. No obstante este papel habría necesitado un cantante bastante mejor para corresponder al despliegue vocal y musical de Denoke.

Uno de los detalles más comentados ha sido la buena prestación de la orquesta del Teatro. Está claro que el día 28 tocó mejor de lo que es habitual con su titular, empezando por una cuerda al fin sonora y brillante, a diferencia de la sordina a la que nos tiene acostumbrados. Buen trabajo de Paul Daniel.

La nueva producción del Teatro Real y la Opéra National de Paris partía de la habitual intención de añadir información a lo que se cuenta claramente en el libreto y la música de Janácek. De esta forma entiendo que no se consigue explicar la obra, objetivo que parece fundamental, sino superponer otra historia con el riesgo que supone con un libreto que no es sencillo precisamente.

Sin duda muchos espectadores pueden rechazar este punto de partida, pero es posible reconocerle varias virtudes. En primer lugar visualmente es una puesta atractiva, con una escenografía que contiene numerosos guiños cinematográficos y una dirección de actores eficiente. También la imagen de Marilyn está bien traída, por así decirlo, y la parábola de la inmortalidad destructiva de las grandes estrellas es inteligente. Su desarrollo era en general coherente y se resolvió de forma muy sugestiva con el ahogamiento de Marty/Marilyn en una piscina, finalmente exhausta por el peso de la vida eterna/fama. Sin embargo conviene preguntarse hasta qué punto se sostiene gracias a la poderosa presencia de Denoke.

Los aspectos negativos se resumen en la intermitente coincidencia entre las acciones del libreto y la propuesta por la dirección de escena. Hauk-Sendorf es un vendedor de chucherías (?) de una sala de cine; Gregor, Vitek y Krista comienzan la ópera como cantantes de un programa televisivo de los 50. Por otro lado Deanne Meek (que como actriz también fue convincente) interpretaba a Krista, la limpiadora del cine y la doncella de Marty, algo que es confuso para la acción. Las escenas en los urinarios, que ya parecen un clásico enre los registas "modernos", no había por dónde cogerlas.

En definitiva, con una protagonista - estupenda en lo vocal - de una presencia magnética, una producción atractiva dentro de sus particularidades y la satisfactoria ejecución orquestal, se puede decir que "El Caso Makropulos" ha sido de lo mejor que ha pasado por el Real. Lo cual, en una situación donde no existen cantantes para poner en pie la mayor parte del repertorio romántico, debería generar alguna reacción en las direcciones artísticas de nuestros teatros.

En este blog se puede descargar una grabación de "El caso Makropulos" correspondiente, según creo, al debut de Denoke en el papel de Emilia Marty.

Por otro lado, aquí y aquí podéis acceder a una de las grandes realizaciones discográficas de esta ópera, cortesía del forero Fogopreso. Se incluye el libreto digitalizado.

Que la disfrutéis.