22/9/13
Reverter pone los puntos sobre las íes
30/5/13
Los Peores (XII): Barbara Hendricks
25/11/10
Sostenella y no enmendalla
6/9/10
"Rigoletto en tiempo real". Fin de fiesta.
Con estos mimbres, Mehta se limitó a ofrecer tiempos flexibles, con algún pasaje electrizante como el Trío (pese al exceso de decibelios)
Como reflexión final, sólo expresar el deseo de que en algún momento los realizadores se den cuenta de que el canto operístico es incompatible con los agobiantes primeros planos de esta producción. Sudores, salivazos (por parte de los señores), muecas de cualquier tipo imaginable, todo ello con detalle microscópico, mientras los jaleados escenarios originales pasaron casi inadvertidos.
5/9/10
"Rigoletto" en tiempo real. Segundo Acto
4/9/10
"Rigoletto" en tiempo real. Segundo Cuadro.
"Rigoletto" en tiempo real. Primer Cuadro.
3/1/10
El tenor de "Das Lied von der Erde" (II)

Klaus Florian Vogt pasa actualmente por ser la "gran esperanza blanca" de la cuerda de Heldentenor, habiéndose ya acercado a Siegmund y Parsifal tras establecerse en los teatros europeos (Bayreuth incluido) como Lohengrin y Walther. Reproduzco a continuación los comentarios que me hacía llegar Lord Illingworth cuando llamó mi atención sobre este registro:
"Nagano es un director frío, analítico, que poco o nada tiene que ver con el repertorio romántico; aquí lo hace todo muy trasparente, muy bonito, pero de "Angst", cero patatero. Luego está Christian Gerhaher; si a mí un barítono en esta parte me interesa poquísimo, no digo ya un barítono eurometrosexual que parece estar tarareando canciones de Loewe. Y luego tenemos a la verdadera estrella del show, el señor Klaus Florian Vogt. No te lo pierdas porque es de lo más alucinante que he oído en mi vida: justo entra en la primera canción y yo pensé que había algun problema de audio: ¡se oía una voz como de contratenor salido de un registro de ópera de Haendel dirigida por William Christie! No salí de mi asombro.
¿Pero qué burla es ésta? Es que este individuo no llega ni a la categoría de lírico-ligero: sin graves, sin centro, agudos abiertos y forzados, timbre desagradablemente fijo, expresión monótona y afeminada... en las canciones 2ª y 5ª oscila entre el falsetista y el crooner, en la primera me sugirió a Orlando Bloom interpretando a Vito Corleone.
Grotesco sería poco decir."
Pululando por la www he encontrado este comentario de un usuario de Amazon, el único que parece haberse enterado de algo:
"Klaus Florian Vogt is billed as a Heldentenor who has sung Walther in Die Meistersinger and debuted at the Met as Lohengrin. Yet here he seems to have a tiny lyric tenor, and he creamily croons his way through the opening song, which contains torment and anguish, without turning a hair. I was nonplussed and, frankly, a bit repelled. Reactions to voices are highly personal, so sample before purchasing."
Ya era consciente de que V. posee una voz bastante descolorida, con acusada tendencia al falsete, y que como intérprete ronda la abulia peligrosamente, pero ni siquiera el aviso del Lord me preparó para la impresión al comenzar la escucha. En la primera frase ("Schon winkt der Wein im goldnen Pokale") uno percibe atónito que una vocecilla destimbrada y afalsetada, fija y sin rastro de metal, recita las palabras como un escolar en clase de literatura. Llega la primera subida heroica a la zona aguda ("soll auflachend in die Seele euch klingen") y Vogt emite un canturreo ridículo y afeminado, como si estuviese tarareando un canción infantil. Éstas son las directrices de toda su interpretación: acentuación casi amateur, tan desvaída e insignificante como su actuación vocal y musical. La última sección, comenzando por "Seht dort hinab! / Im Mondschein auf den Gräbern/ Hockt eine wild-gespenstische Gestalt" ronda el esperpento, inane de expresión, inexistente la voz en el grave, fibrosa y abierta en el agudo. Los sucesivos "Dunkel ist das Leben" caen en el falsete más inadmisible. No se trata sólo de la peor versión que se haya escuchado de esta "Trinklied"; además es ridícula, produce vergüenza ajena. Tampoco se puede dejar de mencionar la sospecha de que la ingeniería de sonido ha ayudado bastante a que el resultado no fuese incluso peor. Las otras dos canciones del tenor son más clementes con su exigua vocalità , aunque se mantienen el tono absurdamente infantil (¿qué pintaría Nagano en todo esto?) y el timbre andrógino hasta resultar repelente. Además, sobre todo en "Der Trunkene im Frühling", se pone de manifiesto la defectuosa técnica respiratoria en los alientos a destiempo, la colocación errática (el registro medio como tal es difícil de identificar, si es que realmente lo hay) y los cabeceos del sonido en los finales de frase. Sólo se puede dejar espacio a una explicación para el éxito de Vogt: que sea una voz de extrañas características que escapan a los modernos estudios de grabación. Es una hipótesis altamente improbable, pero hasta la escucha en vivo no puede descartarse más que al 99,9%.
Se propone la audición por medio de Spotify.
Das Trinklied von Jammer der Erde.
Von der Jugend.
Der Trunkene im Frühling.
Para resarcirnos de semejante despropósito se ofrecen dos alternativas complementarias. Primero un tenor lírico, por tanto de medios en principio inadecuados para este cometido, como fue Anton Dermota (aunque al lado de Vogt parezca un tenor heroico). A continuación, el tenor cuyo puesto como principal protagonista wagneriano supuestamente está ocupando el divo alemán: Ben Heppner.
En la "Trinklied" Dermota canta en todo momento, algo tremendamente meritorio en esta página y más tratándose de un tenor de esta ligereza. Sólo se le percibe forzado en el gran agudo final. El timbre de Dermota tenía una extraña veladura; pero una metálica, de plata, que le daba un toque punzante en toda la tesitura. Y así consigue un sonido penetrante, no heroico desde luego, en las continuas subidas. Compárese su "soll auflachend in die Seele euch klingen" con el escuchado a Vogt. La corrección de su emisión es por tanto clave para salir airoso de la prueba. Como intérprete es algo rígido (a tono con la dirección de Klemperer) sin el frenesí ni el abandono que debería producir esta partitura.
Con Heppner tenemos una voz más robusta y hermosa (pero sin el metal de Dermota) que también canta con timbre mórbido y sonoro y además sin forzar ni en los pasajes más arduos. Algún sonido es un poco gutural pero lo que importa es que su seguridad técnica le permite cantar con abandono y resulta muy convincente. La despiadada escritura del clímax ("Im Mondschein auf den Gräbern... Hinausgellt in den süßen Duft des Lebens!") está resuelta brillantemente y estremece al oyente. Se echa de menos que no intente modular los ataques a los "Dunkel ist das leben": se pierde así un bello efecto (sobre todo en el último) que habría redondeado la interpretación. Parece una cosa de locos que en el espacio de pocos años lo mejor que puedan ofrecer las discográficas en el lugar de Heppner sea Vogt. El acompañamiento de Gary Bertini (un nombre postergado y a recuperar como intérprete de Mahler) está muy en sintonía con su solista: lleno de una energía muelle y cantabile, quizá limando parcialmente las asperezas de esta música tan frenética, pero vibrante y exaltado. Es un placer la escucha del pasaje instrumental entre la segunda y la última estrofa: por los colores suscitados en los timbres, los detalles fascinantes.
En "Von der Jugend" Dermota ofrece aquello que Vogt sólo remedaba: un sonido claro, dulce y ligero. El tono es sencillo, ensoñador, conversacional. A pesar del tempo ligeramente más vivo, Heppner resulta menos aéreo (como ejemplo, los últimos "trinken, plaudern") aunque se esfuerza por aligerar la emisión con buenos resultados. En general tampoco tiene la gracia del esloveno ("Wunderlich im Spiegelbilde"). Bertini resulta en cambio más chispeante que Klemperer.
Asimismo, parece que las sobrias texturas de Klemperer y las lujosas de Bertini hacen palidecer el acompañamiento de Nagano.
Dermota/Klemperer.
Heppner/Bertini.
6/9/09
Sehnsucht. ¿Nostalgia del buen canto?

La ficha del disco: http://www.operadisc.com/recitals.php?rec=13
Agradecemos al forero Sharpless el haber proporcionado la oportunidad de escucharlo a pesar de todo
20/11/08
El fin de la bohemia
"Por favor, no más homenajes como éste"Anna Netrebko se ha convertido en una cantante cuya fama está empezando a jugar en contra de su arte, de manera que cada vez es más difícil hablar realmente de lo que importa: cómo canta. El timbre parece de lírica plena, la emisión no muestra vicios capitales, con una buena unión entre registros, sabe cantar legato y no muestra asperezas en la tesitura central de Mimì. Hasta ahora ha estado cantando papeles de lírica de agilidad; con mal criterio, ya que la voz es algo corta (por encima del do5 se endurece) y no es una precisamente una virtuosa. Para este papel no es necesaria una gran virtuosa, así que Netrebko canta con mucha mayor desenvoltura que en "I Puritani" o "Rigoletto". Su dicción - fundamental en Puccini - es buena, aunque no faltan pasajes donde acomoda algunas sílabas ("Sei il mio amor e tutta la mia vita") Otro pequeño hábito o truco que no se entiende es el de respirar en mitad de algunas frases, bien que sea con discreción ("Sono andati? Fingevo di dormire"). Parece difícil imaginarse a Mimì sin una voz dulce y mórbida, cualidades que no faltan en un timbre esmaltado y redondo, al que sólo se le puede achacar un empaste levemente gutural y la falta de squillo en el registro agudo, que suena un poco velado ("Il primo bacio dell'Aprile è mio")
Tras un primer Acto un poco monocromático, sobre todo en los diálogos, mejora mucho en el tercero, aquél que distingue a las protagonistas que pueden ser más que simplemente encantadoras y podrán expresar desesperación y el sentimento de amor desgraciado en el último. Netrebko se aprovecha aquí de un timbre que a pesar de los defectos apuntados no sólo es bello, sino expresivo por naturaleza y resulta emocionante en el dúo con Marcello (donde además canta con mayor implicación). El problema es la clásica placidez o conformidad de quien conoce las virtudes expresivas de su propia voz; esto crea una Mimì un poco abstraída, como idealizada, menos carnal de lo deseable: algo defendible musicalmente pero no demasiado pucciniano. Veamos la frase que culmina "Quando lieta uscì" (página notablemente defendida), la conmovedora "Come ricordo d'amor". Lo que escuchamos es un gran arco de sonido sedoso, muy bello - un poco falto de metal, todo hay que decirlo - pero sin el estremecimiento, aunque fuera reprimido, que exige este cri de coeur. Durante el cuarto Acto esta Mimì terminará por provocar reacciones opuestas: por un lado quienes sostengan que se ausenta del drama y canta con indiferencia absoluta. Por otro, los que aprecien la expresión ensimismada de un personaje casi irreal, etéreo, alejado del mundo ("Sono andati?"). Si sólo hubiese distinguido más entre dinámicas suaves...
Rolando Villazón suele hablar con sorna de "gimnastas de la voz" cuando se refiere a los cantantes preocupados por usar la técnica correcta. En la práctica es consecuente con esta actitud, pues no se sabe muy bien a qué ha dedicado su reciente parón de varios meses y vuelve en peores condiciones que nunca, cada vez más alejado de los fundamentos básicos de un cantante de ópera. No parece existir en su emisión más concepto técnico que la imitación (el más destructivo de los vicios que puede tener un cantante) e intenta obtener de cualquier forma un timbre oscuro y bruñido al estilo Domingo. Digo que lo intenta porque no consigue más que una caricatura de los resabios que aquejaban al modelo; impostación baja y gutural, cada vez más cavernosa y menos tenoril, tono opaco, abierto cuando no decididamente "indietro" (que se va hacia atrás) al ascender por el tramo fa-sol, extremo paupérrimo y nasal (no sólo en el do de su aria). No importa cuánto se busque: no se hallará un sólo pasaje donde Villazón brille y se expanda como se supone que ha de hacerlo una voz de tenor. Lo que sí abundan son los cambios de color: en cada sílaba y nota de la misma frase (en "Dunque è proprio finita" hay todo un muestrario). Diferente color entre registros pero siempre el mismo timbre seco, monocorde, apagado e inexpresivo (2). Una forma de cantar que apenas puede clasificarse como profesional. Por supuesto, la señal de una mala impostación nos lleva al sustento de todo: la dosificación del aire. Villazón, al fabricar su timbre en la garganta, no canta sul fiato y ha de empujar siempre el sonido: por eso suena forzado en todo momento.
Con estas bases (más bien falta de las mismas) no es extraño que cualquier frase amplia con una variación dinámica ("Talor dal mio forziere") resulte tremendamente irregular, no exista un ataque preciso a la primera nota y al salir de un sonido agudo se escuche una especie portamento que uno no sabe si es golpe de glotis o trémolo. No está claro si esto es un vicio que no puede controlar o si se trata de una elección con algún tipo de fin expresivo. Posiblemente ambas cosas, pues en general Villazón se afana, solloza y distorsiona las vocales para disimular la falta de modulaciones verdaderas. En realidad como intérprete tampoco pasa de una defectuosa imitación, pues su única baza es un entusiasmo pedestre, de reconocible raíz plácidostefaniana, aplicable a cualquier situación. Lo que resulta es un fraseo convulsivo, molestísimo, casi guiñolesco en el diálogo con Marcello del tercer Acto ("Già un'altra volta") y que parece una mala parodia de Domingo en el racconto ("Una terribil tosse") Por supuesto, en estas circunstancias, es difícil hablar siquiera de legato. Los ataques bruscos aparecen incluso cuando intenta cantar suavemente, síntoma de unas cuerdas vocales que sólo responden ya al esfuerzo. Y con todo, es posible que esto pase por una interpretación excitante para algunos oyentes poco informados. Por rescatar algo, diría que su fraseo parece válido al atacar "O soave fanciulla" y "O Mimì, tu più non torni", aunque la frase "Collo di neve" parece extraída con fórceps y la media voz se engola en ambos casos. De los sugestivos filados que de alguna manera era capaz de practicar hace un par de años, sólo queda el lastimoso lab de "Alla stagion dei fior" (tercer Acto), aquí una nota apretadísima y cortada más bien bruscamente.
Una vez más, lo vemos venir, sus partidarios rescatarán el viejo argumento de que los sonidos tienen menos valor que la emoción que producen. Ya sea por la respetable - cada cual que se emocione con lo que quiera - falta de un criterio desarrollado, ya sea por la necesidad de justificación de los fans beligerantes que tampoco tienen muy claras muchas cosas, pero de un poco sí que se dan cuenta (afición liceísta, ¡quien te haya conocido que te reconozca!) La realidad es que esta forma de sacrificar la ortodoxia a una supuesta verdad dramática tenía su sentido dentro del contexto de una época; los años 40 y 50, cuando la ola del verismo rompía en la costa del mal gusto. Actualmente el cantante que pretende hacerse perdonar su diletantismo con supuesto carisma y arrebato no sólo está fuera de época: es un viejo error mal imitado. Si aceptar la falta de refinamiento canoro significa que vuelva a haber voces o personalidades como las de di Stefano, Barbieri, Guelfi o el propio Domingo (que ya fue a contracorriente en los 70), podemos hablar del asunto. Si significa Villazón, nos retiramos del debate.
La Universal aprovecha el tirón de los protagonistas para promocionar su último producto, la soprano Nicole Cabell (quien ya grabó un disco para Decca) De nuevo hay que hablar de viejos tópicos pues lo que se ofrece es otra Musetta ligerísima, de voz bonita pero petulante, pálida y borrosa. Que un pintor parisino y bohemio pueda perder la cabeza por una Musetta de este tipo se antoja ciencia ficción.
El para mí desconocido Boaz Daniel canta un Marcello de rutina, como si fuera uno que pasaba por ahí y lo hubieran cogido a lazo, pero al lado de Villazón incluso parece el colmo de la urbanidad vocal.
En general, como se ve, el reparto se muestra poco competente en el fraseo, pero aun menos en el canto conversacional, es decir, los diálogos cantados. Uno se pregunta qué trabajo habrá realizado el director en este apartado, pero por lo menos que se le reconozca la coherencia, pues su orquesta, aparte de una lentitud enervante, tampoco aporta nada al relato. Si parecía imposible que a uno no le movieran un pelo músicas como el concertante del valse de Musetta, "Dunque è proprio finita" o la escena en que Mimì y Rodolfo se abrazan en el cuarto Acto, Bertrand de Billy demuestra lo contrario.
Por tanto estamos ante otro producto sustancialmente inútil (3). Mimì se murió y la bohemia languidece, pero de aburrimiento. Netrebko, si fuera capaz de salir del juego publicitario y la tontería en que está metida, se merecería otra Bohème con un Rodolfo menos indocumentado y un director que no se limitara a batir el tempo y la obligara a independizarse de la sombra de la Freni. Villazón suscitó expectación cuando apareció en la escena internacional hace pocos años; a mí mismo me pareció un cantante con muchas posibilidades, sobre todo poseedor de una energía que por lo menos hacía esperar mayor seriedad en la corrección de sus defectos. Por desgracia no ha dejado de ser ese amateur con talento, ya echado a perder. Me aburre apostar y no haré pronósticos sobre su carrera: lo único seguro es que cantará cada vez peor y yo no volveré a dedicarle más tiempo.
(1) Como ha notado con excesivo rigor la BBC music magazine: "Netrebko never seems to shape her voice to character. She dies at mezzo forte, not piano".
(2) En MusicalCriticism.com, Dominic McHugh comenta: "Villazon uses every colour available in his voice as a channel for his emotional commitment, which is never in question." Ignoro si es una muestra de humor inglés.
(3) Gramophone le ha concedido el Editor's Choice. En general la crítica anglosajona se ha mostrado entusiasmada con Villazón y escéptica hacia Netrebko. ¿Una epidemia de sordera?
9/11/08
Chill Out with Bellini
La grabación sin embargo se ha publicitado con el ya manido argumento de la autenticidad. En este caso se ofrecían tres reclamos: ejecución según criterios "históricamente informados", el empleo de una edición crítica de la partitura y la referencia a una supuesta "versión Malibrán". En el excelente blog "Il Corriere della Grisi" se ofrecen las claves del asunto, que se resumen de esta forma:
- Se bajan de tono los números de Elvino como tradicionalmente se había venido haciendo durante décadas. “Prendi, l’anel ti dono” y “Ah vorrei trovar parola”; “Son geloso del Zefiro errante”; “Tutto è sciolto” y “Ah perché non posso odiarti”. Como es sabido, la escritura que Bellini imaginó para Rubini se consideró impracticable ya en la época del estreno y los grandes interpretes del papel durante el S. XX siguieron fieles a los cambios de tonalidad. Ningún demérito para Flórez, si bien se pierde la oportunidad que su teórica plenitud de forma y las condiciones del estudio proporcionaban para hacer un registro histórico de verdad.
- No existe una versión Malibrán, entendida ésta como una adaptación a la tesitura mezzosoprano. Simplemente se han eliminado las puntature al agudo para comodidad de Bartoli.
- Además de la orquesta de instrumentos originales, se adopta un diapasón más bajo: la a 430 Hz, lo cual se percibe como un tercio de tono más grave que el diapasón habitual de 440 Hz. Esto tiene su importancia, puesto que en los números citados que se bajan de tono la diferencia que percibe el oído con respcto a las grabaciones anteriores es notable: la música pierde parte de la expresividad radiante que le daba la elevada escritura. Es conocido que durante el siglo XIX el diapasón cambiaba de una ciudad a otra, tanto por encima de los 440 como por debajo. Por tanto ésta no es una opción más auténtica que cualquier otra.
Pasamos a los detalles del registro; algunos resultan desconcertantes en el contexto de una grabación de ópera, de ahí que hayan producido no ya rechazo, sino mofa en muchos casos.
Pocas veces se habrá escuchado una grabación con un balance tan evidentemente manipulado. La cercanía de los micrófonos a los cantantes produce una desagradable sensación de artificialidad, pero además hace audibles multitud de siseos y chasquidos de la pronunciación de Bartoli (las consonantes palatales en particular). Y es que la presencia de su voz ha sido realzada incluso en pasajes donde no debería, causando un efecto molestísimo: el colmo, en el Concertante "D'un pensiero e d'un accento", donde sus intervenciones no permiten seguir la melodía principal que canta Elvino. Ignoro como habrá resultado la interpretación de Bartoli en un teatro, pero esta ayuda eléctronica no es buena señal: mientras a su voz la favorece, la de Flórez resulta perjudicada (como se intentará explicar)
La propia Bartoli ya había ofrecido un adelanto de este tipo de grabación con su disco "Maria": también fue un aviso ("Casta diva") de su particular visión de la música de Bellini y del absurdo mundo expresivo donde parece haberse instalado. En primer lugar han puesto a su disposición un director que le sirve tempi letárgicos, hasta el punto de que las diferencias entre arias y cabalette desaparecen. Con esta base, Bartoli despliega un canto que deja entrever a una cantante que sabe (o sabía) lo que es el legato, pero salpicado de pianissimi que son más bien susurros y canturreo inconexo (parecen carentes de apoyo real) ataques con suspiros, pequeños sollozos, grititos y una acentuación ridículamente afectada, más propia de un musical que del mundo estilizado del belcanto. Los gimoteos que inician "Ah, non credea mirarti" rozan la caricatura: las cosas mejoran y por un momento surgen frases ligadas, pero pronton irrumpen de nuevo los gemidos. Para completar el cuadro, Bartoli parece incapaz de vocalizar sin ayuda del golpe de glotis, con lo cual el mínimo embellicimiento termina por alterar la línea melódica. En los pasajes de agilidad, se entrega a un cloqueo mecánico que no tiene nada que ver con Bellini: con la excusa de la fidelidad a la partitura se han eliminado sus sobreagudos, pero en cada da capo introduce tal cantidad de rallentandi fuera de lugar y coloraturas ametralladas que acaba por dejar irreconocible la melodía. La arbitrariedad del rubato y un grosero descenso al grave de "Sovra il sen" compiten con el delirante catálogo de coloraturas gorjeadas (apenas se puede decir que correctamente impostadas) de "Ah, non giunge". Este furor acaba por convertir a Amina en una especie de histérica que se convulsiona y retuerce mientras el oyente no sabe si está escuchando un aria di tempesta händeliana o algo similar. Sin embargo, quizá el punto más bajo lo representa la burda parodia del habla durante el sueño en la "Escena del sonambulismo" del primer acto. Tremenda. En resumen, la lentitud exasperante, los rubati absurdos, la presencia agobiante de su voz en primer plano, la expresión trivial, el recurso a un canturreo ajeno a toda ortodoxia, vacían de sentido poético las largas melodías de Bellini y acaban por convertirlas en una especie de acompañamiento ideal para tomar mojitos en una terraza mientras se contempla la puesta de sol en Ibiza. Puro Chill out. Que una intérprete que ha demostrado poseer talento caiga tan bajo es una muestra extrema del proceso criticado proféticamente por MacNeil en la cita que encabeza estas notas.
En otro mundo expresivo, Flórez canta con un rigor estilístico que pone aun más en evidencia a Bartoli, pero no aparece en óptima forma. Su voz suena demasiado uniforme en la zona de paso al agudo, sin verdadera expansión según sube la tesitura (algo que me decepcionó en vivo y que en grabación sólo he percibido esta vez) En “Ah, vorrei trovar parola” se muestra muy prudente con los ataques al do agudo, como si los tuviera que preparar, no parece cómodo en absoluto y termina dejándose arrastrar por la monotonía. Tanto en este caso como en "Ah, perchè non posso odiarti", los tempi lentísimos lastran un fraseo que tampoco exhibe particular mordiente. La voz de Flórez está más cómoda en la coloratura rápida de Rossini que en las grandes arcadas melódicas, que piden un timbre más pleno y sonoro (por ejemplo en "Pasci il guardo") Además, para no perjudicar a Bartoli con la comparación, también se omiten los agudos tradicionales, que le habrían permitido lucirse un poco. Restan los números elegíacos, donde canta con gusto y legato pulidísimo pero con una gama un tanto limitada entre el forte y el mezzopiano, sin las ensoñadoras sfumature que contienen en potencia estas cantinelas ("Prendi, l'anel ti dono"). De alguna forma, la levedad del timbre limita mucho el efecto de los contrastes dinámicos. Su acentuación es afectuosa en los dúos, pero incluso en este papel resulta un poco fácil y sentimental, nunca vibrante o fervoroso. Su mejor momento es un mórbido y estilizado "Tutto è sciolto", que merecía un "Pasci il guardo" más excitante. En el Finale I, las sublimes frases que han de sobrevolar el Concertante apenas levantan el vuelo, coartadas por el balance de la grabación y el distanciamento de este Elvino. Seguramente el mejor en unas cuantas décadas, pero no completo; en parte, sin duda, perjudicado por un entorno adverso.
D'Arcangelo evidencia la posición gutural de su voz: en todo caso no canta mal, pero es monocorde porque no introduce verdaderas modulaciones.
Del trabajo de de Marchi poco hay que añadir: aburrido, carente de vuelo melódico, pesante donde debía ser vivaz, al servicio de los caprichos de Bartoli, incongruente en su limpieza de las tradicionales cadencias mientras tolera todo tipo de variaciones espurias.
Para concluir: un producto prefabricado para lucimiento de una diva en horas bajas, dejando de lado incompresiblemente a Flórez, que es quien podría haber hecho grande el registro. El disco parodiándose a sí mismo. Poco Bellini y mucha publicidad, mixtificación, consumismo, idolatría de hojalata, negocio, decadencia y, sobre todo, tontería, mucha tontería.
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(*) Great singers on great singing. (Jerome Hines. Doubleday & Company, Inc. Garden City, NY. 1981)
4/11/08
Madamina, il camelo è questo

Hace un par de días una amable forera, en su bienintencionado empeño en hacerme escuchar grabaciones de cantantes actuales, me hizo llegar la primera pieza del reciente disco de Erwin Schrott.
Este joven uruguayo últimamente está de moda por su matrimonio con la diva mediática de estos días, Anna Netrebko. Nada más sabía de él, excepto que había causado buena impresión en Londres y Valencia con su Fígaro mozartiano.
Precisamente con Mozart se inicia este disco: la esquiva "Aria del catálogo" de Leporello. Apenas escuché unos veinte segundos de la interpretación. Los necesarios para asombrarme de que durante la edición del disco se hubiera dado por bueno el áfono ataque de la primerísima palabra del aria: una "Madamina" tan mal impostada como si el cantante tuviera carraspera de recién levantado. Una vez Schrott encontró su voz, también pude advertir que parecía tratarse del típico timbre de barítono engrosado por una posición decididamente baja. Luego he averiguado que en realidad Schrott pretende pasar por bajo cantante: de hecho en este disco Decca canta las arias de Felipe II y Banquo, entre otras de Verdi. Creo que puedo quedarme sin conocer el resto de la broma.
Schrott es uno de esos llamados "barihunks" ("barimacizos") que últimamente están tan de moda, sobre todo entre el público anglosajón (obviamente). Tipos bastante guapetes y cachitas pero verdaderos diletantes del canto: camelos que aceptan ciertos públicos y promocionan las discográficas. Puedo entender que este hombre sea un cantante deficiente pero como producto resulte comercial. Lo que resulta inconcebible es que el producto ni siquiera se presente en buenas condiciones y se incluya una toma en la que quien inicia el aria apenas parece ser cantante profesional, sino un señor (mi vecino del quinto, por ejemplo) que pone voz de barítono en una cena de empresa (sin duda tras los postres y varias copas). Ya no indigna que se tome al público por ignorante (desde el momento en que se intenta vender a Schrott como bajo cualquier cosa es posible) sino que en una producción de una discográfica como la Decca no exista una sola persona que advierta: "Esta toma no vale". Desde el director de orquesta hasta el artístico, desde el productor al ingeniero de montaje que podría sustituir esa "Madamina" por otra de una toma alternativa.
¿Todos sordos o ignorantes? ¿O simplemente "Quién va a fijarse en eso: se vende igual"?
Madamina, il catalogo è questo


