16/9/12

Colomer y el fruto del trabajo.

La orquesta Filarmónica de Málaga confirma su progresión bajo la dirección de Edmon Colomer con el que fue, probablemente, su mejor concierto de los últimos años.
 
 
El programa, exigentísimo, incluyó dos obras maestras de un autor, Brahms, con el que la orquesta siempre ha tenido problemas para obtener el sonido amplio y compacto que debe resolver el intrincado tejido armónico que caracteriza sus obras. La mejoría desde la anodina Segunda de hace un par de años ha sido espectacular: la orquesta toca un verdadero legato, con una sección de cuerda produce por fin ese sonido cálido y robusto que es la base de la orquesta romántica y que sostiene a las familias de vientos y metales. Colomer empleó toda su energía en motivar a su gente y ésta ha respondido con entusiasmo, en particular en el Finale de la Primera. Sólo los chelos siguen adoleciendo de cierta falta de cuerpo. Por el contrario, en algunos momentos el timbal resultó invasivo.
 
La primera parte estuvo a buen nivel, aunque el Concierto en re menor pecó de cierta morosidad y academicismo en el comienzo del Maestoso. Alexei Volodin imprimió un mayor ímpetu juvenil a la ejecución. Se trata de un pianista que sabe alternar exuberancia e introversión, con un bello pianissimo. Sólo se echó de menos algo más de penetración en los arduos trinos del primer tiempo. En la coda del Finale ofreció esa emocionante sensación de intérprete que hace música en estado de inspiración verdadera.
 
Colomer plantea una Sinfonía en do menor dramática, urgente, resaltando el conflicto contenido en el complejo juego polifónico del primer tiempo. Pero también supo conducir los remansos, como esa sublime primera coda, y planificar los clímax del Finale. Muy bien expuesto el juguetón Allegretto. Un concierto triunfal.