1/5/10

"Simon Boccanegra" desde La Scala en el cine


Nada - ni la edad ni una reciente operación de un cáncer - parece detener a Plácido Domingo, motor y razón de ser de la continua aparición de "Simon Boccanegra" en los carteles de los principales teatros de América y Europa durante el último año. El jueves día 29 de abril se retransmitía en vivo una de las funciones de la serie que actualmente se está desarrollando en La Scala. Domingo, que empezó su carrera cantando zarzuelas en modestos escenarios de México hace más de cincuenta años, apareció en las pantallas de cine de todo el mundo como un mito viviente, más allá del bien y del mal y reconvertido en barítono para la oportunidad. Su entrada en escena fue tan impetuosa como siempre y se espera de él, lo cual de inmediato transmitió la certeza de una forma física óptima. En cuanto a su estado vocal, uno diría que sigue burlando al mismo diablo: cada vez que abre la boca lanza un gran mentís socarrón contra el sentido común. Con el lógico desgaste, el timbre sigue lozano, pleno y colorido en la franja media; pese a la emisión muscular y fibrosa, hasta el fa agudo consigue sonidos firmes, amplios y con el mordiente de un violonchelo (el segundo "E vo gridando amor!"). Se percibe sin embargo el oscurecimiento artificial del grave - entubado - pero sorprendentemente esto no desequilibra el resto del edificio canoro. Cuando canta pasajes declamados en la zona central uno no puede decir si está ante un tenor de 70 ó 50 años y, lo que es más importante, se es consciente de estar escuchando ópera de verdad; algo que actualmente no puede darse por supuesto y que le sitúa en una categoría rara a pesar del declive. La omisión de este hecho sería mezquina y embustera. Sin embargo que Plácido Domingo siga conservando su voz en condiciones dignas, por asombroso que resulte, no debería impedir que se reconocieran aspectos más importantes cuando se trata de cantar y de hacer música. Los problemas llegan en las grandes frases ligadas, las fundamentales del papel, donde se muestra corto e irregular de alientos: así se percibió en la fantástica "Sublimarmi a lei sperai sopra l'ali della gloria", deslavazada y sin grandeza; en las evidentes dificultades del comienzo de "Piango su voi" y en la línea económica y sumaria de "Figlia, a tal nome". Evidentemente, a pesar del refuerzo en el denso sombreado que ha explotado siempre, el timbre no convence como barítono (una simple cuestión de dónde y cómo debe sonar). Además, aunque no se puede esperar que aprenda ahora a usar la media voz, su Simón canta igual durante toda la ópera, ya sea el hombre de estado, el corsario, el padre o el moribundo - que ama, impreca y se extingue en un perenne mezzoforte. Sin embargo sorprendió (es un fa agudo) con un bello efecto dolcissimo en el famoso "Figlia" del primer Acto. Por otro lado, en el terreno del accento, Domingo sigue siendo comunicativo pero en realidad siempre emplea, cualquiera que sea la naturaleza de lo que dice el texto, su habitual énfasis entre crispado y seductor. Bueno un poco para todo, pero sin verdadera variedad. No encontró, por tanto, el éxtasis de "Sia d'amistanze italiche" o "Anco una volta benedirla voglio", la melancólica ternura de "Del mar sul lido tra gente ostile" o la transfigurada expresión de "Gran Dio, li benedici". Reconozcamos de una vez, a pesar de todo, que esta forma de recitar, por reconocible y sincera, termina suscitando simpatía hasta en el oyente menos predispuesto en su favor. Sus incondicionales, por supuesto, tienen motivos para estar contentos, puesto que sigue ofreciéndoles con generosidad lo mismo de siempre. Si esto coincide o no con lo que exige Verdi parece ser lo de menos.

El resto del reparto estuvo encabezado por la Amelia de Anja Arteros, soprano de rango lírico sin el espesor ni el metal verdianos, pero que cantó con apreciable línea. La emisión del grave, que el personaje frecuenta, está engolada y a veces abierta (en el segundo acto hubo alguno penoso), pero el resto de la voz está razonablemente bien emitida pese al agudo sin punta (algo que en vivo debe restarle presencia). Atendió la variedad dinámica de la partitura con medias voces y pianissimi convincentes y, descontando alguna ñoñería, recitó con propiedad - sin entusiasmar nunca - incluso en los momentos más dramáticos del primer Acto. Digamos que los defectos apuntados también los mostraban - en mucha menor medida - importantes Amelias del pasado. Tiene buena figura y es una actriz correcta.

El tremendo personaje de Fiesco se encuentra fuera de las posibilidades del veterano (61 años) Ferruccio Furlanetto, en realidad ya bastante limitado para el canto en general. Intolerablemente engolado y duro de sonido, incapaz de modulaciones y no digamos medias voces, luchó con los ascensos al fa# nasalizando y forzando. Es una incógnita cómo se le debe de escuchar en el teatro. Al comienzo de "A te le estremo addio" añadió algún gimoteo, pero por lo menos restan la autoridad y el oficio en escena.

Fabio Sartori se encargó del intenso papel de Adorno con unos medios que como mucho son de tenor lírico. El timbre carece de cualidades destacables y en la emisión de los agudos la cabeza parece a punto de explotarle, ya que ignora el giro correcto hacia la máscara. Tampoco resulta solvente en las dinámicas suaves, pero tiene cierta idea del canto y se le puede escuchar dentro de una rutina anónima a la que tampoco ayuda nada su nula presencia escénica. Su actuación se limitó a extender su brazo derecho en los momentos enfáticos, sin tener luego mucha idea de cuándo volver a dejarlo caído. No se puede ser optimista sobre el desarrollo futuro de su carrera si sigue en este repertorio.

Apreciable el Albiani - estupendo personaje que cantaron en algún momento grandes Bocanegras - de Massimo Cavalletti. Voz de barítono lírico, nítida y bien emitida, debe cuidar más el registro superior, pues parece frágil. Aunque no convencieron determinados momentos en los que exacerbó la dicción sin conseguir un verdadero acento agresivo, su interpretación fue plausible.

Se volvió a confirmar la falta de interés de Daniel Barenboim hacia este repertorio. La orquesta mostró el sonido oscuro y un poco confuso que caracteriza al director argentino. Los tempi elegidos fueron lentos y sin "presión horizontal", es decir, continuidad en las frases. Fue demoledora la indiferencia con que sonó la maravillosa melodía de "Figlia, a tal nome", además casi irreconocible por caída y plomiza. Los pasajes dramáticos los solventó con sus habituales formas expeditivas cuando hace ópera italiana, más basadas en volumen de metales y percusión que en slancio y convicción. Al comienzo del segundo Acto un sector del loggione aprovechó para abuchearlo, algo que no sabemos si se repitió durante los saludos finales, por cortarse la retransmisión antes de que apareciera en escena. Quien no se libró de las protestas fue Furlanetto, lo que parece un poco excesivo teniendo en cuenta la categoría de los bajos que se escuchan actualmente.

El coro mostró alguna estridencia en los tenores, pero sigue siendo una garantía en Verdi por la fuerza y amplitud.

La nueva producción de La Scala - convencional y con una dirección de actores discreta - pasó sin pena ni gloria a pesar de los lujosos vestuarios.

Una noche, por tanto, que únicamente habrá satisfecho a los interesados en escuchar a Plácido Domingo. Los aficionados que quisieran escuchar también a Verdi tienen motivos para mostrarse apáticos ante una clase de espectáculo que sólo contribuye a elevar el ego del divo. Mientras, el nivel del canto sigue descendiendo entre aplausos y publicidad.

7 comentarios:

Mónica dijo...

No, si te acabará gustando, ya verás... :-D

Papagena dijo...

Si me dicen hace cinco minutos que me vas a emocionar TÚ a MÍ hablando de Plácido...

... pues me he emocionado. Ahhhh...

Supongo que ahora te arrepientes de no haber comprado entrada para verlo en Madrid :P

Besos ;)

Gino dijo...

No; no me arrepiento de no gastarme una pasta en un pasaje de AVE y una entrada para ver algo así.

Ahora, si me los regalan y además añaden una cena en el Kabuki Wellington, pues voy encantado.

Bss.

Francesco Benucci dijo...

este es el video completo de los aplausos del 29 de abril. yo fuy solo al estreno el 16 y al principio del I acto despues del prologo empezamos a abuchear el maestro Barenboim, contestaciones que se repitieron por supuesto al final de la noche...y no fueron las unicas dos noches malas para mister B...
http://www.youtube.com/watch?v=yr0e2HVQez8

Beren dijo...

Gino, mucho Domingo en tu blog...

La conjunción de características en Domingo es verdaderamente única. Sólo puedo decir que me maravilla cómo afronta con tanta valentía papeles dramáticoas que liquidan a cualquier otro con una voz de base lírica como la suya.

Un saludo

Fledermaus dijo...

Magnífica y valiente valoración.
Me gustaría conocer su opinión sobre el Boccanegra de Cappuccilli.
Un saludo y gracias.

Gino dijo...

Pues mi estimada Fledermaus, yo aprecio mucho el Boccanegra de Cappuccilli, siempre que hablemos del Boccanegra de Cappuccilli y Abbado. Cuando este hombre iba a su aire convencía bastante menos.

Saludos