25/11/10

Sostenella y no enmendalla

"Quousque tandem...?"

Leemos en Beckmesser.com que Plácido Domingo baraja asumir próximamente nuevos papeles baritonales de Verdi, incluyendo Nabucco y Renato. Por lo visto han pesado más en su ánimo las ganancias y la publicidad que los litros de sudor y saliva vertidos durante el descalabro del pasado Rigoletto. Esto parece confirmar (Gonzalo Alonso tiene línea directa con el divo) recientes rumores vertidos en Parterre.com que hablaban de una ópera de protagonista epónimo, lo cual extendía la amenaza a papeles como MacBeth y Falstaff (aunque todo se andará).

Plácido Domingo, qué duda cabe, es el último tenor en activo que se puede considerar ligado a los grandes representantes de la cuerda y uno de los pocos intérpretes actuales a los que rodea un aura de verdadero carisma. Lo que se dice un divo. Con todas las distancias que existen, alguien que hubiera escuchado a Beniamino Gigli hace sesenta años sólo podría escoger a Domingo, entre todos los tenores que hoy se exhiben sobre un escenario, para explicarnos (más o menos) en qué consistía ser un Primo Tenore. Este hecho, unido al razonable estado de forma que milagrosamente conserva, como ya se ha comentado por aquí, permite que cualquier iniciativa que tome sea recibida inmediatamente con atención por parte de los teatros. Y, por supuesto, de los medios de comunicación.

No conformándose con Siegmund, cuyo mérito no se discute aquí, llevaba unos años incorporando una serie de papeles de cómoda tesitura que usaba como vehículo para seguir en el ajo pero que en el fondo sólo le permitían tener protagonismo por ser quien es, dado que el lucimiento de los mismos es proporcional a su exigencia. Entonces debió ocurrírsele que los de barítono verdiano son papeles principales y además no tienen esas incómodas notas por encima de la quinta línea del pentagrama que tantos quebraderos de cabeza le han dado siempre. Incumpliendo su propia palabra ("Sólo me interesa Bocanegra") la nueva aventura parece prolongarse con el único objetivo de seguir batiendo marcas. Además de la fraudulenta cuestión tímbrica sobre la que podemos imaginar lo que diría Verdi - un tenor corto no puede camuflarse como barítono ni con trucos de la peor estofa - Domingo no aporta nada a unos papeles que se limita a "suonare" sin entrar en los detalles expresivos y dinámicos, ni caracterizar a través del acento, ni hacer otra cosa que seguir aplicando una falsilla expresiva que lo mismo le sirve para una ranchera, un poema de Juan Pablo II o tantas decenas de sus papeles con independencia de género, personaje y estilo. Simplemente es Domingo haciendo de Domingo para quien quiera escuchar precisamente esto - antes que la música de Verdi. Lo grave no es sólo que se aclamen unos resultados artísticos que no pasan de mediocres (lo cual ya nos dice algo sobre la situación actual del canto), sino que a la larga esto contribuirá al ya avanzado desplome de los patrones canoros y musicales. El mal ejemplo en el canto, como en la vida, es un pérfido gusanito que corrompe inadvertidamente y cuyos efectos se ponen de manifiesto una vez nos corresponde pasar a la acción. Domingo, él mismo una víctima del mal ejemplo distefaniano en sus carencias técnicas, es en sí un mal ejemplo sólo por conservar su voz tras más de sesenta años de carrera plagados de decisiones arriesgadísimas: nadie más puede contar con tener su excepcional resistencia física. En esto no podemos culparlo del todo, pero sí por estar prolongando indecentemente la peor lección de "Los tres tenores": lo que cuenta es la imagen y cómo se vende. Asegurada ésta, nadie va a fijarse en el estado vocal de quien canta o en los rasgos que han caracterizado al verdadero canto de escuela. El ejemplo que está dando un tenor que se mantiene en activo durante décadas con transportes inauditos de sus papeles, ocultando su declive tras la cortina del carisma personal y publicitario y ahora asumiendo papeles de barítono que memoriza para apenas solfearlos, no sólo contribuirá a derrumbar el nivel de exigencia del público - que se conforma con escuchar a Domingo haciendo lo que sea - sino que animará a otra generación  de cantantes a lanzarse a hacer carrera apenas reúnan una pocas cualidades vocales y den el tipo físico de lo que se espera que hoy sea un divo. Cantar ópera es una cosa mucho más compleja que la perpetua interpretación de sí mismo que lleva explotando Domingo durante las últimas décadas. Si puede seguir triunfando con lo que ha ofrecido como Boccanegra, lo que se transmite es precisamente lo contrario. Sólo hay que fabricar un nuevo producto que cumpla con unos requisitos mínimos - una voz reconocible, una personalidad simpática, un aspecto atractivo - para que el negocio de teatros y discográficas siga funcionando. Poco tendrá un aspirante a tenor que preocuparse de la verdadera técnica, el canto de escuela, el trabajo de la palabra cantada, la adecuación estilística, ¡la adecuación vocal!, si el mercado consume insaciablemente los productos de quien se limita a hacer de sí mismo. Domingo, naturalmente, tiene unos antecedentes artísticos genuinos (aunque está consiguiendo enterrarlos) pero esto se está sustituyendo ya mismo con publicidad: de repente se tiene una estrella. Fugaz, la mayor parte de las veces.

Que la maquinaria de la Ópera pueda seguir en marcha con estos materiales hace pensar hasta qué punto ya se han deteriorado los criterios artísticos y éstos han sido desplazados por parámetros económicos: teatros llenos y venta de discos.

Engañado o dejándose engañar, poca reacción se espera de un público que podrá contar que vio en vivo a un mito del S. XX, aunque fuera haciendo bolos. Ya incluso entre los conocedores empieza a cundir el conformismo de por lo menos "estar escuchando una voz de ópera de verdad". Mientras tanto, parte de la crítica ya empieza a manifestar los síntomas del hundimiento de los estándares descrito: en algunos blogs mantenidos por críticos profesionales de este país se ha llegado a leer que "no se recuerda mejor Bocanegra que el cantado por Domingo en el Teatro Real". La cosa pinta negra si incluso se pierde la capacidad de valorar los documentos que gritan todo lo contrario.

4 comentarios:

Beren dijo...

Gino, enhorabuena por tu blog.

Tus escritos son muy interesantes se esté de acuerdo o no y requieren dedicación y originalidad, cosa difícil de encontrar con el corta pega masivo actual.

En concreto sobre Domingo, puedo compartir lo que dices, pero no el aire catastrofista fruto de este personaje.

En cualquier afición hay estratos de personas que se quedan a niveles más profundos o más someros, según su apetencia o conocimientos. En la música que se interpreta en teatros y auditorios pasa igual: está repleto de gente que sólo busca pertenencia a un grupo y completar la experiencia musical que se le ofrece con sus propios deseos, orillando las posibles carencias y dejando para los "expertos" el placer de un análisis, por superficial que sea.

Tengo un amigo con el que comparto aficiones que, desde hace tiempo acuñó la expresión "aquí se aplaude a un mono que pase un plato" sin diferenciarlo de otras cualidades verdaderamente meritorias. Lo rememoramos cada vez que se aplauden atronadoramente las propinas maquinales, tras pasar bastante desapercibidos detalles de verdadera importancia en el programa oficial, como decir "esto sí es bonito porque me suena a mí y porque se ha escuchado más fuerte que antes".

El concierto de Violeta Urmana, su marido, MA Gómez Martínez y La OSRMurcia es el último al que he ido y que demuestra muchos de estos tópicos. Bravearon al marido de la diva. No sé qué pudo escuchar esa gente, porque, por más que el cantante lo intentase, no tenía voz para cantar ópera, al menos ese día.

Pero hay otras personas que no piensan así. Tampoco podemos pensar que si no hay defensores del fuego secreto éste se extinguirá. Yo creo que, siquiera sea por diferenciarse, siempre habrá alguien que lo intente hacer lo mejor posible y pueda vencer las mayores dificultades técnicas.

Artistas que junten excelencia y personalidad son escasos y siempre lo han sido. Yo no quiero a menudo tanto, sólo artistas honestos que midan sus fuerzas con obras acordes y que ofrezcan interpretaciones frecuentes que creen un ambiente cultural sano donde luego haya una ventana para que los mejores del mundo puedan enseñarnos las diferencias, si podemos pagarlos.

Son visiones de la música.

Un saludo.

Gino dijo...

Beren,
Ante todo, gracias por seguir el blog y por tu comentarios.

Es posible que sea catastrofista, pero es que no se ve el revulsivo que rompa el actual círculo vicioso que existe en el mundo del canto. Éxito fácil y conformismo son mala cosa en un arte en el quee es tan difícil pasar de la mediocridad.

Saludos.

Beren dijo...

De nada, jeje.

Si te sirve de consuelo, en la ópera unos cuantos intentan llenar un teatro gritando por encima de músicos y acústica. Aunque se quemen en pocos años,ladren y sean superficiales, algunos tienen ciertos méritos.

Si te das una vuelta por las artes plásticas...el panorama es desolador. Y la falta de ideas en música y cine "de consumo" (como lo fue la ópera) es desalentadora.

Hoy mismo he visto por accidente a Ray Liotta haciendo de mago en una película para olvidar. ¿Y los papeles que aceptan Al Pacino o Robert de Niro? ¿Cuántas películas actuales competirían al mejor guión con películas de hace, pongamos, 25 años?

En mi ciudad han colgado en cuatro carteles publicitarios unas pseudomeninas pornográficas (porno del malo), pagadas por una galería para promocionar a la artista que perpetró la cosa.

Siempre podemos ser viudos del pasado, pero yo no me entretendría mucho en sufrir porque la mayoría no se dé cuenta. ¿Era Platón el que decía que la juventud era depravada y sin valores? Hay arquitectos que aún no se han recuperado de la muerte de Le Corbusier. ¿Y en literatura? ¿Cuánto hay de ella en los dos kilos que pesa un éxito editorial actual?

Vivimos en una libertad elegida. Si algunos eligen ignorancia, es cosa suya. Por lo demás, me reiré con Bruce Willis o admiraré la resistencia de Domingo, y si no me gusta, cambiaré de canal.

Pero lo mejor es poder expresarlo si queremos. Igual que se defiende lo políticamente correcto, podemos defender, con razones, lo contrario.

No puse mi crítica del concierto de Urmana en unanoche... porque no sería completamente sincero y, aunque bastante joven, ya prefiero compartir a discutir.

Un saludo y te sigo leyendo.

Edgardo dijo...

Estimado Gino:

Aunque he estado en desacuerdo contigo en algunos puntos de vista, sobre todo al respecto de la secciòn de "los peores", pienso que tus aseveraciones de la aventura baritonal de Domingo son totalmente ciertos, no tiene nada que hacer cantando esos grandes papeles, jamàs le llegara ni a los talones (ni a los màs mediocres interpretes de dichos papeles) por decir algo y me parece que debiò retirarse hace màs de 10 años y no hacer el ridìculo como en estos momentos.