5/3/08

Murió Giuseppe di Stefano


Ayer moría el dueño de una de las voces más fascinantes del S. XX. Nacido en 1921, Giuseppe di Stefano, Pippo, fue un cantante de arrolladora y magnética personalidad. Durante una carrera breve pero apoteósica, di Stefano explotó por encima de todo un timbre de raras cualidades: colorido uniforme pero rico en tonalidades, calidez acariciadora y esmalte radiante.

Sobre su voz y su arte hay varios comentarios en esta Barra Libre, que podemos resumir como sigue.

En sus inicios el instrumento era un prodigio natural: corpóreo y aterciopelado en los registros inferiores; de una luminosidad solar en el superior. Además, llegó a recordar a los tenores di grazia en la morbidezza de la emisión, adornada de medias voces y sonidos mixtos excepcionales. Sin embargo, nunca tuvo resuelta la emisión por encima del pasaje, de hecho extendía su registro de pecho hasta el do4, abriendo por tanto el sonido de forma antimusical y dañina para la voz. hasta en sus momentos áureos se podían percibir opacidades en los ataques di forza al agudo. Por otro lado, Di Stefano siempre denostó la emisión con “suono coperto” porque la sentía reñida con la dicción "auténtica" que buscó toda su vida. Ello, unido a una naturaleza pasional, que le impulsó a cantar papeles de spinto y a entregarse a efectos veristas, precipitó su desgaste (“Total, que cantó bien 7 años”, apuntaba Rodolfo Celletti) y le hizo caer muchas veces en la vulgaridad. Para finales de los 50 di Stefano era un tenor permanentemente esforzado, que caía en sonoridades a veces engoladas y otras abiertas y apenas retenía algo del apasionado fraseggiatore que fascinaba al inicio de su carrera como Cavaradossi, des Grieux, Pinkerton o Rodolfo. A pesar de su apreciable declive y numerosas extravagancias, di Stefano se mantuvo en los escenarios durante los 60 gracias al carisma del intérprete y los últimos fulgores de su voz de tenor lírico, posiblemente la más amada de la segunda mitad de siglo.

Pippo fue el heredero del canto franco y comunicativo de Beniamino Gigli. Un canto que en el caso del siciliano llegó a sus extremos más exacerbados, cayendo generalmente en la superficialidad. Los matices dinámicos, cuando no ignorados, no eran el fruto del análisis musical sino a menudo un ejercicio de hedonismo y de seducción. Sensualidad y arrebato, aun a costa de la musicalidad o de la higiene vocal, fueron las divisas de di Stefano y han llegado ha representar para muchos el alfa y el omega del canto a la italiana, cuando no son más que aspectos parciales del mismo (y siempre con matices según el repertorio). Di Stefano fue menos inteligente que Gigli; víctima de su propia sugestión, supeditó todo al deseo de fascinar. Ni el paso del tiempo permitió a Pippo darse cuenta de sus errores, de su indiscplina, de su profesionalidad intermitente. Ya retirado, llegó a proclamar: "La técnica es un invento de los críticos".

El ejemplo de di Stefano en cuanto a dicción y fraseo fue ineludible en la siguiente generación de tenores. La imitación de la personalidad tímbrica (incluso del propio timbre) y la emulación de su apuesta por un canto sin solidez técnica a cambio de seducción y verdad dramática, son perfectamente perceptibles en Carreras, Domingo o Bonisolli, no digamos en una larga lista de mediocres hasta nuestros días. Ni siquiera Pavarotti supo escapar a esta influencia. Tanto es así, que que se podría decir que fue un mal ejemplo, también mal entendido, pero un mal ejemplo en el sentido "educativo"; tanto en las buenas costumbres canoras como el verdadero estilo del melodrama. Para ejercer semejante atracción fatal se necesita un atractivo único y novedoso. La combinación de belleza "luciferina" (Celletti) del timbre y la inmediatez del fraseo siguen - décadas después de su retirada - fascinando al oyente. Pero también tentando a multitud de cantantes a seguir un peligroso camino.

Escuchamos a di Stefano en el repertorio donde sus modos espontáneos encontraban su terreno natural, tanto por su temperamento como por afinidad cultural: la canción popular o de inspiración popular. La dicción nitidísima, el amoroso fraseo, la glorificación de la parola, el fulgor del timbre; a pesar del desgaste evidente en el segundo disco, siguen reluciendo con rara autenticidad.




Disfrutadlas.

4 comentarios:

Papagena dijo...

Esas canciones de cámara no las tengo. Muchas gracias!!!

Y viva Pippo :-)

Mantoval dijo...

Pasó por aquí a tomar unas copas, Elisir d,Amore.

Tamberlick dijo...

Para entender la carrera de Di Stefano, es interesante recordar una conversación que tuvo con Del Monaco:

Mario: "Yo no podría vivir sin cantar"

Pippo: "Pues yo, si tuviera que cantar para siempre, preferiría morirme ahora mismo"

Yo le escuché a Pippo referir esta conversación en 1988, así que no puede descartarse que sea una racionalización "a posteriori", pero creo que cuadra bien con su caracter.

Mario Riveros dijo...

PIENSO QUE LOS CRITICOS DE DISTEFANO LO HACEN POR QUE SON INCAPACES DE CANTAR EL ARROZ CON LECHE