22/5/06

Gran recital de Ismael Jordi en Málaga (20/05/06)

Ismael Jordi es un tenor lírico ligero jerezano que está haciendo una carrera inteligente y pausada, tengamos en cuenta que empezó a estudiar canto en 1998, y cuyo nombre pronto debe aparecer en los grandes escenarios europeos. La voz, bien timbrada, homogénea, clara, y su emisión limpia, apoyada en una técnica sin carencias, le permiten cantar con una corrección rara en estos días. Muestra en vibrato rápido característico (lo que algunos críticos llaman el vibrato español) pero controlado. Es un cantante de gusto, que practica medias voces y siempre busca darle sentido y sensibilidad a lo que canta.

El pasado sábado 20 de mayo, Ismael Jordi cantó un recital en el antiguo Conservatorio María Cristina malagueño, acompañado por Rubén Fernández al piano. Es una sala pequeña, añeja pero de indudable encanto, y con cierto ambiente familiar, porque en verdad éramos menos de trescientos los asistentes. Sin embargo, tan grandes fueron la seriedad, el entusiasmo y la ilusión que mostraron ambos jóvenes intérpretes que parecía que se tratara de una actuación en un gran teatro, pero con la cercanía de tener al público a un paso. (Lo que produjo varias anécdotas hacia el final, cuando los bises llevaron a la concurrencia al delirio)

Porque vaya por delante: fue un recital de esos que le hacen a uno feliz por unas horas. Sin alharacas ni aspavientos, demostraron que con canzonette y cuatro arias se puede triunfar si la voz y la técnica se ponen al servicio del buen canto. Con un repertorio muy variado, Jordi cantó con la misma propiedad e inteligencia el Bellini elegíaco de las canzonette, el Tosti decadente y sentimental o la zarzuela más racial. Extrañó el comienzo con tres canciones de Manuel García, porque además la tesitura de las mismas, muchas veces baja, era claramente incómoda para la voz de Ismael Jordi, que se movió con mayor libertad en Bellini, cantado algo rápido y sin los rallentandi que prescribe la tradición. Valiente en la complicada Vanne o rosa donde lució registro agudo suficiente. Las canciones de Tosti (Vorrei morire, ‘A vucchella y L'ultima canzone, no Chanson de l’Adieu, como decía el programa) fueron cantadas con fervor, elegancia y toda la pasión que requiere esta música tan sentimental, pero bellísima, y que puede llegar a ser muy emocionante. Y así lo demostró en la grandilocuente Vorrei morire, que arrancó los primeros bravos de la noche. Con gracia y picardía desgranó ‘A vucchella, que culminó en una bella media voz. En una sala tan pequeña, se pudo apreciar la liquidez de la voz del tenor, que acarició los oídos de nuevo en L’ultima Canzone. Seguro en los agudos que cierran la página, donde su técnica brilla sin fisuras.

La segunda parte se abrió con ópera. La melodía de La mia Letizia infondere (I Lombardi de Verdi) fue cincelada con gusto y suficiente variedad, como todo lo que se escuchó esa noche. Optó por no interpolar el si natural, pero no se echó de menos. M’apparì, de Martha, fue cantada en el alemán original (muy correcto) y con su recitativo. Las medias voces del da capo fueron preciosas, y el paso del piano al forte, resuelto de forma canónica. Los ascensos al si bemol3 resultaron penetrantes y redondos. Ya estábamos todos entusiasmados. El cambio total de estilo que requirió la zarzuela fue asumido por el tenor como un auténtico maestro, quien llegó incluso a lo jondo en el Adiós Granada, que se incluyó como cambio, y que sinceramente no sé de qué zarzuela procede (1). Con todo el arte del mundo, como corresponde a un jerezano, cantó también Mujer de los negros ojos, donde los melismas adquirieron un carácter auténticamente andaluz... Cambió el orden de las piezas para dejar al final No puede ser, donde estuvo fantástico, al sostener sin esfuerzo el agudo final, provocando estruendosos aplausos. Hay que destacar la intensidad y adecuación con que acompañó el joven Rubén Fernández, quien fue muy aplaudido.

Como propinas, se empezó por La canción del Olvido de Ginastera y Del cabello más sutil, dedicada además a Alfredo Kraus “mi maestro, quien la cantaba muy bien”. El público malagueño conoció el Nemorino de Ismael Jordi la pasada temporada, y no paró de aplaudir hasta que el cantante se animó a improvisar – porque estoy casi seguro de no la tenía preparada para la ocasión – Una furtiva lagrima. Se notó un lapsus en un verso (que se inventó) pero fue una versión exquisita y sentida, con un estilo inalcanzable para otros cantantes de renombre que andan por ahí. Ejemplares las medias voces acariciadoras, la fluidez del legato, el soleado si bemol3 (incluso apianado) y una cadencia extraordinaria, con una messa di voce perfecta. Acabó cantando sentado en las escaleras del escenario, como si le estuviera haciendo una confidencia al público. Fue realmente encantador y se lo agradecimos como era debido. Una noche perfecta.

(1) Los emigrantes, según un amigo de Hispaopera me ha comunicado