19/5/06

Luciano Pavarotti (III): Con Mirella Freni en La Bohème (2/2)


Y voces, rozagantes, frescas, juveniles, tiene esta versión, pues tanto Pavarotti como Mirella Freni estaban en pleno apogeo vocal en 1972. Ambas voces tenían unas características muy similares en cuanto a extensión, amplitud y timbre, lo que hacía que empastaran de un modo muy especial, sonando como un solo instrumento. Nada extraño si tenemos en cuenta que fue Ettore Campogalliani el maestro de canto de ambos (y de Scotto, Bergonzi y Tebaldi). Singulares en ambas voces eran la redondez, esmalte y luminosidad en los registros centrales y superior, donde alcanzaban su máxima belleza (como corresponde a voces líricas) así como la total homogeneidad en toda la tesitura y su seguridad en la zona alta (holgadamente hasta el do sostenido sobreagudo) Quizá aventajara Pavarotti a su coterránea y coetánea en squillo, fiato y facilidad en el piano, mientras que la Freni ha sido más completa como músico. En todo caso, en pocas grabaciones los encontraremos más inspirados y musicales.

A pesar de la vivacidad y la alegría de la escena de los bohemios, podemos decir que la historia realmente arranca con las frases “Oh! sventata, sventata! La chiave della stanza Dove l'ho lasciata? - Non stia sull'uscio; il lume vacilla al vento”. En ese momento la música nos dice que algo maravilloso va a pasar. Pavarotti canta un exultante “Che gelida manina”, con todo el ardor juvenil que se requiere (1). El ascenso al sib3 es como un rayo de sol. La voz suena fresca, vibrante, nerviosa, con esa imposible mezcla de liquidez y metal que sin embargo falta un poco en la zona grave (particularmente en “Ma il furto non m’accora”) De nuevo, Karajan respira con el cantante y la culminación del aria en el do4, resplandeciente (aunque el si natural de “speranza” esté algo abierto) es una maravilla por timbre y plenitud. La conclusión, ya se comentó, en una acariciadora media voz. Da la réplica ella en su ensoñadora “Sì, mi chiamano Mimì” donde encontramos frases que desde entonces ha hecho suyas para siempre y es difícil disfrutar en otras interpretaciones: la volata descendente, tras atacar en piano en “Di primavere” consigue algo al alcance de pocos cantantes, que es retratar a un personaje en una frase (recordemos que Freni ya había cantado con Karajan el papel en la Wiener Staatsoper, en 1963, y lo tenía madurado). Igualmente inolvidable es “Ma quando vien lo sgelo…” donde la orquesta del director austriaco canta con la Freni y de verdad nos creemos que esta música podría derretir una glaciación y traer la primavera… Se acaban los calificativos para describir la belleza de “O soave fanciulla”, duetto arrebatador cuya música parece brotar de las arias de los protagonistas. Escuchar estas voces al unísono con el incandescente canto de la orquesta es puro deleite sonoro. Ambos acaban en piano, precisamente sobre la palabra “amor”... para morirse ahí mismo. Mágica y sugestiva la sonoridad que crea Karajan mientras los enamorados conversan (“No per pietà… Sei mia…”) Siguiendo la tradición, ambos emiten un do agudo al unísono desde fuera de la escena, en vez del sutil ascenso al do5 en pianissimo previsto por Puccini sólo para Mimì, algo seguramente fuera de las posibilidades de Freni.

Del resto del reparto, primeramente destacar a Rolando Panerai, cantante muy apreciado por Karajan (grabó con él desde el Conte di Luna hasta un Hansel y Gretel en italiano) en Marcello. Una voz de timbre agradable, simpática al oído y cantante notable, posiblemente es el mejor de la discografía. El resto de los bohemios, Schaunard y Colline, son encarnados por Gianni Maffeo y nada menos que Nicolai Ghiaurov, a quien, siendo el mayor bajo del último tercio de siglo, nunca le importó figurar al lado de estrellonas haciendo papeles secundarios. La comunicatividad y el buen humor de los bohemios es otra virtud de la grabación.

En el Acto II se completa el cuarteto principal con otro de los puntos discutidos de esta Bohème: la Mussetta de Elizabeth Harwood. Cantante escasamente asociada a este repertorio (cantó mucho Gilbert & Sullivan o Britten), hay que decir que cumple sobradamente con las exigencias del difícil papel a medio camino entre lo característico y lo lírico. Le da picardía y gracia al personaje en su Valse, a tempo muy lento, y acaba con un filado perfecto. La voz, agridulce, puede provocar rechazo. En este acto, tanto Pavarotti como Freni iluminan sus pocas frases, como el exultante “Questa è Mimì”. Hay que destacar que ambos no sólo son intérpretes magistrales de las grandes melodías puccinianas, sino también del canto conversacional, que en sus voces suena desenvuelto, variado y elocuente. De ello también son prueba las primeras frases de Rodolfo en el Acto I, donde el personaje ya queda delineado con pasmosa facilidad

El Acto III es quizá el más bello de La Bohème. Es como una huida hacia delante de la pareja Mimì-Rodolfo. Puccini se permite aquí recurrir a toques descriptivos para reflejar el ambiente invernal, el frío, la nevada. La orquesta cita “Sì, mi chiamano Mimì”, pero ya suena débil y quebradiza, como reflejando la vida que se extingue en la joven. El duetto entre Mimì y Marcello (“Mimì! - Speravo di trovarti qui”) es de gran emotividad con momentos estremecedores de Freni, como su “O buon Marcello, aiuto!” o el relato de los celos de Rodolfo (“Rodolfo m'ama. Rodolfo m'ama mi fugge e si strugge”) Temible para un tenor lírico, “Mimì è tanto malata”, es una página cercana al estilo verista de la Giovane Scuola. Pavarotti resuelve holgadamente los ascensos continuos por encima del la3, y destaca el cierre de la página, “per richiamarla in vita”, con un expresivo golpe de glotis perfectamente integrado en la línea de canto. Tras un extraño, todo hay que decirlo, rallentando de Karajan (“Mimì! tu qui?”) se llega al punto culminante de la grabación, que es el fin de acto. “Donde lieta uscì”, la conmovedora despedida de la costurera, encuentra en la sencillez de Freni el vehículo ideal. La orquesta respira con la cantante, que pone el corazón en su “Se voi… se voi serbarlo come ricordo d’amor”, ascensos al si natural cálidos y redondos. Se entiende que esta fuera la voz que dejó a Karajan “folgorato” la primera vez que la escuchó. El cierre a media voz acariciadora. Se ha llegado a decir que la soprano modenesa no sabía cantar piano: aquí está la prueba en contrario, como tantas a lo largo de esta grabación. El cuarteto “Dunque è propio finita” es uno de los pocos números de este género que escribió Puccini (además del trío de Butterfly, o el concertante de Turandot), todos magistrales y muy diferentes del estilo verdiano. Llevado con mano maestra por el director salzburgués, tenemos la línea principal cantable de Mimì y Rodolfo y el cómico contrapunto de Marcello/Mussetta. Una pena que Pavarotti no apianara sobre los sol3 de “rimavo con carezze”, frase bellísima de todas formas. Y si hay un momento en La Bohème que a mí me mate, definitivamente es “La brezza della sera balsami estende sulle doglie umane”, cuando por fin los dos protagonistas cantan juntos. Es la expresión de un profundo deseo de felicidad que íntimamente se sabe ya imposible. Señalar algún sonido forzado de Pavarotti en la zona grave, compensado con la dulzura de las más líricas (“Ci lasceremo alla stagion dei fior…” filado con buenos resultados) que resulta muy apropiada al lado de la delicadeza de Freni.

En el Acto IV, volvemos a la destartalada buhardilla de los bohemios. La animada cháchara de Rodolfo y Marcello deriva en el nostálgico “O Mimì, tu più non torni”, donde podemos disfrutar de la viril voz de Panerai, contrastando su evocación de Mussetta, que es exclusivamente sensual, con la de Rodolfo, llena de cariño y añoranza (“E tu cuffietta lieve…”, precedido de una afortunada y luminosa intervención orquestal, que es como un recuerdo de la felicidad pasada) Canto a mezzavoce de alta cuna para concluir la página. De nuevo se debe elogiar la naturalidad de los diálogos entre los bohemios, así como el sentido del humor que transmite cada uno de ellos.
Mirella Freni, a través de los años, se ha apropiado de la escena de la muerte de Mimì como ninguna otra cantante de su generación (ni de las anteriores), y en esta grabación ya se muestra insuperable en cuanto a empatía con el personaje y resultados vocales. A recordar para siempre la emoción que transmiten ambos en su reencuentro (“Ah, come si sta bene qui! Si rinasce, ancor sento la vita qui...”), o la maravillosa “Sono andati? Fingevo di dormire” (que siempre me ha recordado la intensidad ardiente de la Manon Lescaut) culminado en “Sei il mio amor, e tutta la mia vita”, verdadero cri de cœur lleno de una pasión desesperada (justo cuando ambos se abrazan, si hablamos de puestas en escena tradicionales (2)). Los “Mimì! Mimì!” de Pavarotti, justos de expresión, son el epílogo más adecuado a tanta belleza.

He aquí, por fin, los Actos III y IV.

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(1) “La voz de Pavarotti es la voz de la juventud (…) La (presente) Bohème tiene en Pavarotti al Rodolfo más creíble que pueda escucharse en disco” – Rodolfo Celletti, Op. Citada.
(2) En realidad, se abrazan justo antes de "Sono andati", cuando la orquesta cita "O soave fanciulla", un momento irresistiblemente emotivo. Aquí Karajan lo borda. Por supuesto, se aceptan correcciones de este tipo.

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